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Opiniones de hoy

Los jueces han sembrado esperanza

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Hay jueces y fiscales que, a pesar de las amenazas, las acusaciones y desprestigio que sufren, siguen con la frente en alto e imparten justicia.

Era de esperarse, la sala en donde se dictaría sentencia, estaba abarrotada desde antes de las tres de la tarde. Familiares de víctimas y de acusados fueron los primeros en llegar e iniciar la larga espera del veredicto, que se dio trece horas y media después. Uno de los familiares de los hoy condenados, posiblemente también militar, no se cansó de insultar y provocar a quienes esperaban que se hiciera justicia por los delitos de violación, tortura y desaparición. Nadie le hizo caso, pues babeaba odio contra quienes lo único que quieren es un país diferente, lo cual no se puede lograr sino se sientan precedentes de justicia para que nunca más, estos hechos horrendos vuelvan a suceder en el país. Los criminales y sus familiares deben saber que la justicia tarda, pero que al final llega, que hay jueces y fiscales que, a pesar de las amenazas, las acusaciones y desprestigio que sufren, siguen con la frente en alto e imparten justicia.

Quizá los jueces que dictaron sentencia no alcanzan a visualizar el impacto nacional e internacional de la condena a los militares, ni logren sentir el palpitar de los corazones henchidos de emoción, y la esperanza que siembran en miles de familiares de las víctimas del Conflicto Armado Interno, especialmente entre quienes tienen un ser querido que fue detenido y desaparecido, y tal como se los dijo, de frente, Emma Molina Theissen: “Vengo a pedirle al tribunal que su sentencia sea una sentencia proporcional al daño provocado, quiero pedirle que cada una de las personas que han pasado por estas sillas y que han declarado su dolor: las madres, los padres, los hermanos de los desaparecidos, sean tomados en cuenta y que de alguna manera se les dignifique a través de su sentencia, muy particularmente Julio Cesar Del Valle, Héctor Alvarado Chuga, las niñas Portillo, el doctor Calderón. Y quiero decirles también que lo que ustedes nos digan el día de hoy va a ser algo tan importante, no solo para mi familia, sino para miles de familias”.

Así como Emma, yo no puedo olvidar a los miles de sindicalistas asesinados o detenidos desaparecidos, especialmente a los veintisiete dirigentes de sindicatos, hombres y mujeres sacadas violentamente de la Central Nacional de Trabajadores un 21 de junio de 1980, ni a los diecisiete que, el 24 de agosto de ese mismo año, sacó el Ejército del local de Emaús en Palín, Escuintla. Nadie puede tampoco olvidar el asesinato de estudiantes de educación media, de universitarios y catedráticos, ni la invasión de la Universidad ordenada por el general Mejía Víctores. Quienes vivimos esos años de persecución, muerte, silencio y ausencia total de derechos y justicia, tenemos que reconocer y recordar los nombres de los jueces del tribunal que condenó a los acusados: Pablo Xitumul de Paz, Elvis David Hernández Domínguez y Eva Marina Recinos Vásquez, pues su decisión contribuye a que nunca más el Ejército se ponga al servicio de la oligarquía y asesine al pueblo. Gracias por devolvernos la esperanza y darnos ánimo para seguir luchando por una Guatemala democrática, justa y solidaria.

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