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Opiniones de hoy

Las palabras tienen consecuencias

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Las irresponsables palabras del presidente estadounidense al calificar de “animales” a seres humanos, criminales o no, son peligrosamente incendiarias.

En 1999, Arturo Montiel Rojas, pariente del presidente Peña Nieto, y en ese entonces candidato a la gubernatura del estado de México, afirmó que “los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas”. La desgraciada frase se volvió viral. Diez años después, cuatro personas –presuntos secuestradores–, que fueron torturadas por las autoridades federales durante su investigación, recibieron las indemnizaciones que marca la ley. Este hecho, legal y legítimo, fue objeto de fuertes críticas de parte de individuos y grupos que se dicen defensores de los “derechos humanos”, repitiendo, casi verbatim, la desafortunada frase de Montiel.

Sin duda, la sociedad se siente sumamente agraviada por los horribles crímenes que ciertos delincuentes cometen y quisiera echarlos fuera de la comunidad moral. El sentimiento de venganza es una emoción natural, explicable por las condiciones en las que nuestra especie se desarrolló durante incontables milenios. La psicología evolutiva nos explica la génesis de ese impulso que, sin embargo, en las condiciones actuales es totalmente inaceptable.

Y si las palabras de un candidato a gobernador en México resonaban tan fuertemente diez años después de ser pronunciadas, es verdaderamente aterrador pensar en el efecto que las recientemente dichas por el presidente estadounidense podrán tener, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo.

Esta semana Trump se atrevió a decir en voz alta lo que su contrahecha mente verdaderamente contiene. Afirmó que los inmigrantes que quieren ingresar ilegalmente a los Estados Unidos son unos “animales”, a los que hay que impedirles la entrada, y que, si entran, hay que echarlos fuera. De inmediato esa ruin expresión presidencial fue criticada incluso por funcionarios de su propio gobierno. La reacción en los medios lo hizo rectificar. Trump aclaró que no se refería a los inmigrantes en general, sino solo a los miembros de las maras criminales. Y reafirmó que esos sí eran “animales”.

El gobierno de México reaccionó a las palabras presidenciales, enviando una nota de protesta diplomática al Departamento de Estado. Sin duda, la expresión inicial de Trump se refería a los migrantes mexicanos y centroamericanos, grupos especialmente vulnerables, que parecen estar siempre en el pensamiento racista e identitario de una minoría creciente de los electores estadounidenses.

Habría que recordar en este sentido el trabajo del profesor Samuel Huntington ¿Quiénes somos? Desafíos de la identidad nacional estadounidense, en el que, el año 2004, analizaba los peligros a los que se enfrentaban los Estados Unidos por la creciente inmigración hispanoamericana. “La llegada constante de inmigrantes hispanos amenaza con dividir Estados Unidos en dos pueblos, dos culturas y dos lenguas. A diferencia de grupos anteriores de inmigrantes, los mexicanos y otros hispanos no se han integrado en la cultura estadounidense dominante, sino que han formado sus propios enclaves políticos y lingüísticos –desde Los Ángeles hasta Miami– y rechazan los valores anglo-protestantes que construyeron el sueño americano. Estados Unidos corre un riesgo, si ignora este desafío”.

Las irresponsables palabras del presidente estadounidense al calificar de “animales” a seres humanos, criminales o no, son peligrosamente incendiarias. Desterrar de nuestra comunidad moral a cualquier persona no es solamente un atentado contra la dignidad humana de la misma; es una gravísima afrenta a todo el género humano. Recordando al poeta isabelino John Donne, podemos afirmar que, “ningún hombre es una isla en sí mismo; cada uno es parte del continente; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy unido a la humanidad, y, por tanto, nunca preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por ti”: es decir: doblan por cada uno de nosotros. Al llamar “animales” a cualquier ser humano, Trump nos está llamando animales a todos.

 

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