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Opiniones de hoy

Un cambio genuino

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Se requiere de autoconciencia y autoescepticismo para lograr un cambio genuino.

Hace unos días, un amigo y colega mío puso a mi alcance un video del escritor americano de ascendencia india, Anand Giridharadas, como conferenciante principal en la cumbre de la Fundación Obama. En esa oportunidad, el ponente abordaba el tema del cambio: la razón por la cual es de tanta urgencia hoy en día; y hacía un análisis de las personas que lo persiguen y aquellas que lo resisten. Un mensaje potente que no debemos perder la oportunidad de escuchar, más cuando es evidente que la raíz de la polarización que caracteriza a nuestra sociedad, se alimenta precisamente del choque entre quienes buscan el cambio y aquellos que se aferran al statu quo.

Resumir su mensaje sería vedarles la oportunidad de escucharle de primera mano, limitando el impacto a mi interpretación y obviando su impresionante capacidad comunicativa. Es por ello que dejo a la curiosidad del lector la búsqueda de tan influyente orador, pero extraigo de su mensaje uno pertinente a la lamentable situación por la que atraviesa Guatemala.

En su disertación, Giridharadas expone que el “cambio real” se le escapa a muchos fabricantes de cambios, porque sus proyectos son guiados por poderosas ilusiones. Todas estas son aplicables a nuestra sociedad, sin embargo, es a la ilusión de que “el mundo puede transformarse con una estrella de mar a la vez”, a la que me suscribo. Esta es una parábola en la que dos amigos encuentran miles de estrellas de mar varadas en la playa. Uno de ellos toma la iniciativa de recoger cuantas puede y las devuelve al océano; el otro, observando la gran cantidad restante, le dice: “¿Qué diferencia hace lo que acabas de hacer?”. Mientras regresa una al mar, el primero le responde: “Hace la diferencia para esta”. Como bien explica el expositor, en nuestra sociedad quien recoge y regresa unas cuantas estrellas al mar –haciendo pequeños cambios alcanzables–, es considerado un héroe y el otro, lo opuesto. Es en este en el que hoy nos compete enfocarnos. Este, que según Giridharadas es mal interpretado y que, según él, apenas empezaba a cuestionarse: ¿por qué están estas estrellas varadas en la playa? ¿Será que estos pequeños rescates nos distraerán de encontrar verdaderas soluciones al problema? ¿Qué si nuestro rescatista a través de su profesión o hábitos de consumo es cómplice? Y es aquí en donde se complica el dilema ya que, en efecto, el héroe está haciendo la diferencia para unas cuantas estrellas, pero es posible que con esta acción también sea parte del problema.

Este gran comunicador nos deja con el poderoso mensaje acerca de que, la mayoría de intentos prominentes para cambiar el mundo han sido afectados por esta dualidad incómoda. En la mayoría de los casos, aquellos en posiciones de promover el cambio lo hacen desde la perspectiva de escoger en quienes hacerlo, muchas veces abordando solo los efectos y no las causas de los problemas, ya que si intentaran cambiarlo de raíz, afectarían a muchos poderosos, inclusive a ellos mismos. Según Giridharadas, estos carecen de la autoconciencia y el autoescepticismo necesarios para un cambio genuino.

Nuestra sociedad no es inmune a esta ilusión, que cobra sentido con el combate en contra de la corrupción y la impunidad. Nuestros problemas son muchos y –al igual que en el ejemplo de la parábola de las estrellas de mar–, existen infinidad de individuos, proyectos y sectores que rescatan a unos cuantos, atendiendo así los efectos y no las causas de los problemas. Nuestros flagelos tienen su origen en la corrupción, la que hemos permitido que exista en total impunidad. Seremos a perpetuidad víctimas de estos, mientras no seamos capaces de erradicar la paralizante creencia de que aceptaremos cambios, siempre y cuando no nos afecten a nosotros.

Si queremos un mejor país, en el que exista un cambio genuino, que ofrezca mejores oportunidades para todos, debemos de ser capaces de afrontar las consecuencias. ¿Hemos sido parte del problema o de la solución? Aún hay tiempo de cambiar nuestro actuar y dejar la complicidad, separándonos de quienes están en el proceso de destruirlo todo, con tal de mantener a flote un espejismo que seguramente nos destruirá por completo…

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