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Opiniones de hoy

El rincón de Casandra

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Iasi, Pesaj 1941

Primavera de 1945, Mihail Sebastian atraviesa una calle de Bucarest y es atropellado por un camión del Ejército ruso sin frenos y fallece in situ. Se dirigía a la universidad donde había al término de la guerra logrado a pesar y contra todo la autorización oficial de enseñar. Su funeral fue atendido por la poca inteligencia cultural que aún quedaba en Rumania en esa época después de años de persecución en que fue prácticamente eliminada por diez años de fascismo y de intenso antisemitismo.

Desde 1935, Eugenia una joven periodista rumana cristiana- había compartido el lecho sino el corazón de Sebastian, escritor judío, que había vivido como un topo, escondido para escapar a las razias de un gobierno rumano cómplice del hitlerismo alemán. Y es precisamente ella que contará los esplendores del Bucarest de la época de entre las dos guerras mundiales, la vida intelectual copiosa, brillante, ello antes del cataclismo, del surgimiento del peligro, la creación de la Legión rumana totalmente devota a Hitler, asimismo como lo fuera el mariscal Antonescu en el poder rumano, momento de la masacre de Iasi en 1941 en que 13 mil 600 judíos fueron asesinados a golpes con barras de hierro y ocasionalmente con armas de fuego, por sus propios vecinos rumanos cristianos con los que habían convivido durante años y generaciones de forma pacífica. Sin duda un hecho más, una gota de agua en el cataclismo y la locura que fue el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

Eugenia describe a raíz de la muerte de Sebastian, la ceguera de los hombres, las elites renunciando a su liderazgo. Y siendo su deber de informar, Eugenia viaja como periodista con las fuerzas aliadas de Hitler al frente ruso donde coincide con un cierto Malaparte autor de Kaputt y fascista de corazón que le dijo: “Hay que saber escuchar a los verdugos, ya que las víctimas, por haber sufrido tanto, tampoco llegan a entender las llaves del odio. Los ejecutores quizás ellos sepan explicarlo”.

Pero en esas épocas sombrías, surgirán siempre conciencias limpias tal aquel cónsul italiano del partido fascista que exponiéndose a represalias salvó a gran cantidad de judíos. O el Príncipe Bibiesco, noble diplomático rumano que se atrevió durante el conflicto a declarar: “Amo con pasión a los judíos porque ellos encarnan la diversidad cultural, y la inmensidad del mundo en este momento en que nos topamos con hombrecillos con uniformes verdes, grises o negros cuya única finalidad es obligarnos a marchar al sonido de sus siniestras fanfarrias”.

Fueron otros tiempos y otras canciones. Hoy a pesar de múltiples inconvenientes de un nuevo antisemitismo militante, sobre todo europeo, las comunidades judías han celebrado las Pascuas Judías sin mayor inconveniente y tranquilidad.

Deseemos que así sea en los años por venir. Aunque…

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