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Opiniones de hoy

La izquierda guatemalteca ayer y hoy (I)

opinion

Un itinerario a grandes zancadas.

Tras el discurso de renuncia a la Presidencia de la República del coronel Jacobo Árbenz (1954), la izquierda guatemalteca entró en la debacle, sobre todo por la persecución política de que fue objeto y el exilio forzoso de muchos de sus miembros. Sin embargo, diez años después, esa izquierda ya había encontrado un derrotero bifurcado. Por un lado, estaba la izquierda democrática que, pese al rígido sistema político de la época, aceptaba el reto de mantenerse dentro del sistema, y de luchar electoralmente por el poder; y, por el otro, se hallaba la izquierda que no creía en la vía electoral, considerando que el único camino era el de la lucha armada (la guerrilla).

La izquierda democrática tenía dos variantes principales, la demócrata cristiana (que del centro derecha había evolucionado al centro izquierda); y la otra, la social demócrata, en cuya dirigencia militaban Alberto Fuentes Mohr, Manuel Colom Argueta, Oscar Rodolfo (Fito) Mijangos, Francisco Villagrán Kramer. En 1966, el presidente Julio César Méndez Montenegro (un líder histórico de la Revolución de Octubre), llevó consigo al gobierno a algunos dirigentes de la izquierda democrática, entre ellos a Alberto Fuentes Mohr, quien siendo canciller, habría sido secuestrado por la guerrilla. (El gobierno de Méndez Montenegro fue rehén de la Guerra Fría y caliente) Más adelante, en 1973, los demócratas cristianos y los social demócratas se coaligaron electoralmente bajo el ticket del Partido Democracia Cristiana Guatemalteca, con los candidatos Efraín Ríos Montt y Alberto Fuentes Mohr, quienes, no obstante ganar en las urnas en 1974, un grosero manoseo de los votos les vedo el ascenso al poder.

Más adelante, en 1978, la social democracia pactó con el candidato oficial, general Romeo Lucas García, un militar de línea dura, un velado apoyo indirecto a su candidatura a cambio de la inscripción de un partido social demócrata. Según denuncias de la época, para ayudar a la candidatura del general Lucas, Colom Argueta llamó al voto nulo en perjuicio de un eventual triunfo demócrata cristiano. (Quizá algún día relate la plática privada que a este respecto tuve con Manuel en su casa de Vista Hermosa, algunos meses antes de las elecciones) Como Lucas no ganó en las urnas, in extremis, la social democracia tuvo que meter las manos en el papeleo electoral capitalino, para sacarle las castañas del fuego al candidato oficial. Pero el asunto no caminó en la forma pactada porque Colom Argueta fue asesinado en 1979. La versión más creíble ha sido que un sector del Ejército, capitaneado por el general David Cancinos (aparentemente sin el conocimiento del presidente Lucas), habría asesinado a Colom, el cual fue vengado poco tiempo después por un comando guerrillero, que mató al general Cancinos en las proximidades del Gimnasio Teodoro Palacios. El general Lucas inscribió al partido social demócrata (el Frente Unido de la Revolución), el cual, sin embargo, ya descabezado no fue a ningún lado. Villagrán Kramer, vicepresidente de Lucas, avergonzado por la brutal represión, renunció al cargo a donde había llegado fraudulentamente, y se exilió. La apuesta electoral de la izquierda democrática terminó, pues, en un verdadero desastre. Entre tanto, las fuerzas de la izquierda no democrática (la guerrilla), llevaron al país a la guerra civil, sin poder hacerse del poder.

Cuando el país estaba en la mayor oscuridad política y sin esperanzas democráticas, un grupo de oficiales jóvenes dio un golpe de Estado en 1982, que cambió completamente el quehacer político porque los nuevos gobernantes promovieron nuevas leyes políticas y electorales y una Constitución que eliminaron toda cortapisa a la participación de la izquierda. Así, Vinicio Cerezo, de la Democracia cristiana, pudo llegar a la presidencia en 1986; y Álvaro Colom, sobrino de Manuel Colom Argueta, en 2008, con un partido social demócrata, llamado UNE, el cual aún tiene una bandada en el Congreso de la República, la que en 2017 fue parte del “pacto de corruptos”.

Tras los Acuerdos de Paz (1996), la izquierda que tomó las armas se integró a la vida política en el partido URNG, habiendo sido muy difícil para sus miembros, la transición ideológica del marxismo leninismo ya fuera a un socialismo duro (como el de la Europa de principios del Siglo XX) o a una social democracia, más moderna y amigable con el mercado y la globalización. La participación de la URNG en las urnas ha sido desastrosa.

En el Congreso de la República, las bancadas de la URNG y de Winaq (un partido afín a la URNG, fundado por Rigoberta Menchú) han carecido de liderazgo, y en apariencia, se han pegado al sistema de corrupción existente; solo así se explicaría el voto en favor de la ley Monsanto o el que un miembro de estas agrupaciones figurara en el famoso “pacto de corruptos”, por citar dos casos. En el Congreso también figuran las bancadas de izquierda de los partidos Convergencia y Encuentro por Guatemala, dirigido este último por Nineth Montenegro (cuyo marido fue desparecido por el gobierno durante la guerra civil), una dirigente que se está anquilosando en la vejez política. Para las próximas elecciones se espera también la participación de los partidos Movimiento Semilla y del Movimiento para la liberación de los pueblos (el de los ladrones de energía). Así llegamos a 2018. (Continuará…)

gasturiasm@gmail.com

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