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Opiniones de hoy

Aquí y allá somos comunidad

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La búsqueda de nuevas economías en favor de la vida es una consigna que va tomando fuerza.

 

Confluir experiencias entre migrantes que han logrado mejorar sus condiciones de vida al igual que aportar a sus comunidades originarias, entre quienes han acompañado procesos dolorosos que sufren personas durante sus travesías por cruzar fronteras o bien han roto muros de opresión patriarcal cuando residen fuera de Guatemala, representa un aporte para encontrar soluciones a la problemática de las migraciones en este país. Un primer paso es reconocer que aquí y allá existe racismo y discriminación contra las mujeres, dijo en voz alta Gilda Blanco, garífuna quien emigró hace 17 años y hoy es lideresa de una organización en Estados Unidos.

Este 20 de octubre, Día de la Revolución en Guatemala, se realizó la Cumbre de Migrantes y Retornados que permitió el intercambio de experiencias de grupos que trabajan con población migrante, entre los que sobresalen las entidades religiosas que proporcionan ayuda humanitaria a personas que dejan su país por diferentes factores, entre los que destacan “la violencia del crimen organizado transnacional y del capitalismo mafioso que mantiene una estructura perversa que va en contra del desarrollo humano y la paz”, como dijo el sacerdote Mauro Verzaletti, de la Pastoral de Movilidad Humana.

Úrsula Roldán de la Universidad Rafael Landívar, quien coordinó el foro “Nuestro Propio Norte”, resaltó que la cumbre tiene lugar en el Centro Intercultural donde funcionó el Ferrocarril de los Altos que fue pieza clave para el sistema finca, en la tierra de Jacobo Arbenz, en las instalaciones que albergaron un destacamento militar que reprimió a líderes durante el conflicto armado. “Aquí resignificamos un espacio para sembrar la esperanza con comunidades migrantes y procesos de vida”, enfatizó.

Entre los organizadores de esta actividad y participantes, uno de los aspectos importantes a tener en cuenta en la problemática de las migraciones es significar a las remesas como una oportunidad para el buen vivir, promoviendo cambios en las economías dentro de Guatemala, entre ellos: valorar el trabajo de las mujeres.

Una de las agrupaciones asistentes fue la Coalición Indígena de Migrantes de Chiapas, que sintetiza su acción de manera reveladora: “Migrar nos cambió la vida, marcó nuestros corazones y los de nuestras familias y comunidades; a veces regresamos por gusto, otras muertos o nos deportaron. Volvemos con otras ideas que no siempre se adecúan a las comunidades, pero también traemos mucha experiencia para impulsar cambios en las relaciones y en las formas de trabajo”.

En Estados Unidos viven dos millones de personas guatemaltecas. Guatemala, San Marcos y Huehuetenango son los principales departamentos de donde migran porque no ven un futuro prometedor en su país.

Imposible dejar de mencionar este día el pronunciamiento de mis colegas feministas, que coincide con el de mujeres y hombres migrantes: “queremos que en Guatemala todas las personas gocen de todos sus derechos para desarrollar sus potencias y aportes creativamente para disfrutar la vida de paz”.

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