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Opiniones de hoy

Iván “el terrible”

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“País donde todo se divide alrededor de quien relumbra”

 

La bienvenida que se le dio al Comisionado Iván Velásquez en octubre del 2013 fue bastante pesimista, se le calificó de “enterrador” de la CICIG, porque se pensaba que venía a cerrar lo que para entonces no jugaba un papel relevante en el país, pero para sorpresa nacional el colombiano agitó las aguas y destapó cloacas que lo lanzaron al estrellato, se hizo tan popular como el Pescadito Ruiz o Arjona, y la gente pedía más y más sorpresas, hasta que enterró a los patriotas. Después de todo, lo de “enterrador” se estaba cumpliendo, pero de otra manera.

Todo iba bien, porque atreverse a reventar escándalos mayúsculos no es cosa sencilla, pero a las Naciones Unidas se les olvidó seguir las clásicas enseñanzas de administración que dictan que para romper un enredo se envía a un gerente de personalidad agresiva y poderosa, de los que no hacen amigos ni lo necesitan, pero que luego, para calmar las aguas y estabilizar, debe buscarse un reemplazo de personalidad armonizadora. Guatemala no es una empresa, por supuesto, pero el conocimiento desarrollado en el campo del liderazgo por las grandes trasnacionales pudo aprovecharse.  La institución cometió el error de eternizar al actor principal en el cargo, perdiéndose así la oportunidad de hacer historia, porque hubiera sido magistral un relevo a tiempo, para comprobar el éxito de Naciones Unidas y premiar con dignidad al comisionado.

Esa falta de visión dio lugar a que Velásquez se afirmara en el poder y se politizara, en un país donde todo se divide alrededor de quien relumbra. Hoy día hay unos que lo idolatran, creen todo lo que él dice, a ciegas, mientras otros empezaron a tomarle ojeriza.  Entre sus detractores están los corruptos, y los que temen caer; pero eso fue siempre así, por lógica. Lo complejo es la formación de otro frente, el integrado por quienes piensan que Iván “el terrible” se convirtió en el poder mismo.

Guatemala es un país donde tradicionalmente se menosprecia a los propios, somos regalados para descalificar a los débiles y hacer astillas del palo caído, y lambiscones con el poder. Atributos aprendidos para sobrevivir durante la Colonia y las pasadas tiranías. Esas taras no cambian de golpe, será poco a poco su superación. Pero ahora, en medio de esta crisis actual, es impresionante observar que a la población no le interesa gran cosa si el presidente es uno u otro, si el comisionado se queda o se va.   Son unos pocos los ruidosos. El pasado domingo, en medio de la sorpresa, la gente continuó con su vida normal. Los restaurantes estaban a reventar, jóvenes practicando con los redoblantes, y las tiendas llenas de gente viendo los nuevos gadgets navideños. Lo que se está logrando con tanta crisis continuada es la indiferencia.

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