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Opiniones de hoy

Ascenso y caída de los dictadores

opinion

El ostracismo era un mecanismo de autodefensa ciudadana.

 

Los dictadores no siempre llegan al poder por la vía no programada, es decir a través de la imposición, del fraude electoral o del derrocamiento del antecesor. Sin duda, ha habido déspotas que se han hecho del poder por la vía electoral legítima, especialmente aquellos con carisma, simpatía, voluntad férrea y promesas de orden y seguridad, que terminan cautivando a electorados incautos o crédulos, que aprovechan las oportunidades y las condiciones imperantes.

La Historia registra casos de ascenso de dictadores a través de elecciones limpias que resultaron ser nefastos para las naciones e, incluso, para el mundo. El sociópata Adolfo Hitler (fundador del nazismo), por ejemplo, ascendió al poder en Alemania con la fuerza de los votos, sin ocultar sus pretensiones despóticas, opresivas, racistas y agresivas, aprovechando una crisis económica y moral. Bajo el régimen de Hitler, la concentración del poder se consolidó con la Ley para Aliviar las Penurias del Pueblo y del Reich (Ley Habilitante de 1933). El resultado del nazismo fue, además de la ruina de Alemania, la catástrofe humanitaria y la devastación de la 2ª Guerra Mundial (1939-45).

Otros gobernantes electos que se han convertido en autócratas fueron Alberto Fujimori, en Perú; Marcos Pérez Jiménez y Hugo Chávez, en Venezuela; Gabriel García Moreno, en Ecuador; Juan María Bordaberry, en Uruguay; y Jorge Serrano, en Guatemala. La insufrible aspiración al poder absoluto, a la perpetuación en el ejercicio del gobierno y la codicia siempre han alienado y enloquecido a políticos ambiciosos, ensimismados, irresponsables e inconsecuentes.

De suerte que el ascenso al poder de los aspirantes a dictador puede ser relativamente fácil en un contexto de democracia política, a través de la seducción y la demagogia. Sin embargo, lo difícil es defenestrarlos, sacarlos del poder. Generalmente, los dictadores se defienden hasta con las uñas, en medio de la crisis o del caos, no solo porque no quieren perder el poder, sino porque saben que sus abusos y crímenes pueden llevarlos a la cárcel o, incluso, a la muerte. Las muertes violentas de los autócratas Nicolae Ceaușescu (Rumania), Benito Mussolini (Italia), Hitler (Alemania), Rafael Trujillo (República Dominicana) y José María Reina Barrios (Guatemala) son ejemplos elocuentes del trágico final de algunos dictadores. Claro, se registran casos en que los dictadores han muerto en sus camas manteniendo un férreo control del poder: Josef Stalin (URSS), Fidel Castro (Cuba), Mao Zedong (China) y Hugo Chávez (Venezuela).

En la actualidad estamos presenciado el intento del gobernante venezolano Nicolás Maduro por mantener su régimen despótico, a través de la concentración de poder, de la negación de los derechos fundamentales, del desmontaje de la institucionalidad democrática y de la represión. La historia de la revolución traicionada se repite. Sin duda, el proceso de rebelión y caída del régimen chavista será sangriento e inmensamente costoso para la sociedad venezolana. Vuelta la página, habrá que retomar la democracia institucional perdida, que en su momento fue denigrada y despreciada demagógicamente por Chávez.

En la Grecia Antigua, se adoptó la Ley del Ostracismo (Destierro), que se traducía en una votación ciudadana que acordaba, por mayoría, el destierro por diez años de aquellos que se consideraban que tenían vocación de tiranos. Era un preventivo mecanismo de autodefensa ciudadana.

La lección que invariablemente dejan tras de sí los regímenes despóticos es que el mejor camino hacia la consecución del bien común y la paz social es el de la institucionalidad democrática y el imperio de la ley, así como que no hay atajos y que el éxito solo se alcanza a base de conciencia política, vigilancia, pluralismo, libre juego de opiniones y participación. Por tanto, jamás debe caerse en la desesperación y la impaciencia, que habilitan al populismo seductor, así como no debe olvidarse que “el que vive de ilusiones muere de desengaños”.

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