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Opiniones de hoy

Cabalgata

opinion

Nueve ejemplos nada más.

 

Trabajos dignos, que en cualquier lugar civilizado son un honor, acá pueden ser un terror. Que en cualquier lugar son un sueño, acá pueden ser pesadilla. Y es que la violencia se lo come todo. Lo saborea. Lo engulle. Y trabajar en países tan caóticos como el nuestro, multiplica significativamente los riesgos. Hay que salir cargados de amuletos, escapularios, ungüentos, pócimas de la suerte o rezos en la punta de la lengua para buscar “protección divina”, porque aquella, la mundana, la de la ley, la de la justicia, la de la equidad, la de la planificación, la de la prevención, la de la estrategia… ¡Brilla por su ausencia!

Ser un juez decente en Guatemala es estar en la vitrina. Expuesto, a merced de intimidaciones. Implica soledad. Ser bombero siempre es arriesgado, pero acá es enfrentarse a los más crudos rezagos del crimen y el abandono. Nada fácil, cuentan. Ser guardia de presidios decente lo dice todo. ¿Cuánta suerte se necesita para sobrevivir en ese calvario de prisiones apiladas, marginadas, abandonadas y, aun así, conservar vivo el corazón? Ser médico de un hospital público significa, en muchos casos, trabajar sin equipo, sin anestesia, sin medicamentos, sin protección, sin recursos. ¿Y encima con amenazas? Ser trabajador de la PDH y verificar garantías en este país sin garantías es vivir a fuego cruzado en un país supuestamente en “paz” (Vaya paradoja). Ser fiscal decente: mis respetos por defender el Estado de derecho de este país sin derechos.

Ser policía decente implica peligro en cualquier lugar del mundo, pero acá se complica aún más, cuando un solo agente tiene que cubrir la seguridad de todo un pueblo, por ejemplo. Con un sueldo miserable y un seguro de vida enclenque (y, ¿sin equipo?).

Ser dueño de una tienda de colonia, de esas con panes dulces y espumillas en pequeñas vitrinas, es vivir en la cuerda floja todo el tiempo. Las extorsiones al pie del día. Y bueno, ser chofer de camioneta, o brocha, es jugar ruleta rusa sin soltar el gatillo ni un segundo…

Y es que la violencia en Guatemala ya es un tema de salud pública. Porque es una epidemia y como tal debe de ser atendida. Tan contagiosa que nos vuelve insensibles. Mata la empatía y contamina la solidaridad. Vivimos en uno de los tres países del mundo con más muertes violentas de niños y adolescentes. El femicidio en la palestra. Y nada se mueve. Solo la muerte que cabalga y nos dice al oído: “¡A sobar su escapulario!”

PD: Una niña más perdió la vida por una bala perdida. Tenía dos años y ni su nombre sabemos.

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