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Opiniones de hoy

Las Ferias del Libro

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Son bienes públicos que no deben estar a merced de un transitorio funcionario.

En fecha reciente un trago amargo nos recordó que los espacios que consideramos ya abiertos pueden cerrarse. Darnos un portazo en la cara, sin mayor explicación o con una explicación insulsa. La alcaldesa de la señorial ciudad de La Antigua consideró que la Feria del Libro con una tradición de más de treinta años no tenía los quilates para ocupar el espacio público del parque. Así, de un plumazo, los libros fueron expulsados del corazón de la ciudad ante la perplejidad de quien confía en el sentido común de los funcionarios y que no espera de ellos una ofensa pública infligida sin razón y sin provecho para nadie.

Pues he allí la situación: una Feria del Libro no es un evento mercantil. Se trata de un bien público que sirve a la gente. Cuando se priva a la gente de un beneficio tan profundo como resulta el poner a circular los libros, celebrar su existencia, verlos expuestos como poderosos trofeos de lo humano, con sus vivaces portadas, desdiciendo nuestras desdichas con sus hilos hechos de letras, es como si una puñalada inmerecida se clavara en la espalda noble de la dignidad humana. Sí, la alcaldesa pecó de ignorante. Lastimó a la gente que debe servir en un acto torpe y sin propósito. La banalidad del mal, diría Hannah Arendt. Un plumazo burocrático y la gente es despojada de un bien intangible pero indispensable.

Curiosamente, la excusa para la torpeza municipal fue el deseo de “descentralizar” los eventos culturales. El resultado fue que, no solamente la feria no sucedió, sino que la centralización de la cultura tiene en ese acto irreflexivo un espaldarazo. Los libros en Guatemala no circulan. Ni siquiera llegan a La Antigua.

En contraposición a esta situación tan dolorosa, en la ciudad de Guatemala estaremos de fiesta inaugurando la Filgua estos próximos días. La Feria navega viento en popa: el Ministerio de Cultura y Deporte hizo este año un importante aporte; el programa incluye la visita de escritores centroamericanos (gran idea); también se ha planificado la visita de algunos autores a las escuelas públicas y el programa de actividades se antoja interesante. Si la cosa sigue por ese camino, veremos cómo esta feria nuestra se consolida en el anhelado lugar de encuentro para el conocimiento, sitio propiciatorio para intercambios fértiles, corredor de las ideas.

Así que apoyemos la Filgua con nuestra presencia. Estemos allí en las presentaciones de libros, aportemos nuestra voz en los paneles de discusión, invirtamos dinero en comprar libros, disfrutemos de un café o un vino, propongamos este lugar para juntarnos con los amigos. Los eventos culturales son esparcimiento fértil y es la gente la que los llena de vida.

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