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Opiniones de hoy

¿Quién es su diputado?

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No lo sabe usted ahora y –si persiste el actual sistema– nunca llegará a saberlo.

 

Votamos en las elecciones generales sobre las listas de candidatos que nos proponen los partidos políticos –los únicos que pueden postular candidatos– y lo hacemos en distritos electorales que son sumamente grandes lo que hace que los ciudadanos no puedan saber quién es su diputado y que los candidatos no conozcan a sus electores, la mejor forma de que, al final de cuentas, no representen a nadie y que los ciudadanos sientan que no están representados.

Y, a propósito, para corroborar si es cierta la anterior afirmación anterior ¿Quién es su diputado?

¿Quién es su diputado, amigo lector?

En los Estados Unidos de América, por ejemplo, los miembros de la Cámara de Representantes son electos cada dos años –y se eligen a través del sistema de distritos electorales pequeños lo que hace que todos los electos sean sumamente cuidadosos de su fidelidad para con sus electores por una razón fundamental: si no lo son, al cabo de esos cortos dos años, son echados literalmente de su cargo: La reelección, el premio. La no reelección, el castigo.

Otro tanto ocurre en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte –sistema que también se sustenta en el sistema de distritos pequeños para elegir a los miembros de la Cámara de los Comunes, bien sabidos los electos que la infidelidad se puede pagar en las elecciones siguientes con la pérdida del cargo.

En el sistema electoral de distritos pequeños se elige un solo diputado en cada distrito y es por eso que el elector sabe a ciencia cierta quién es su diputado y, en consecuencia, a quién premiar o castigar con su voto en la próxima elección.

En nuestro sistema no existe cordón umbilical entre electos y electores y de allí la falta de identificación del elector con el Congreso.

Nuestro sistema de grandes distritos –coinciden estos con los departamentos salvo en el departamento de Guatemala en el que se dan dos, el distrito metropolitano que comprende la ciudad de Guatemala y el que comprende los demás municipios, tan inmensos estos como los otros –lleva a absurdos tales como que los once diputados de San Marcos representen a los ciudadanos de Ocós– en plena costa sur y a los de Ixchiguán, en pleno altiplano, siendo muy diferentes los intereses de la costa con  aquellos del altiplano.

Si queremos llegar a saber quién es nuestro diputado es preciso que lleguemos a un sistema de distritos pequeños e, igualmente, si queremos que el diputado tenga claro a quienes representa y que guarde fidelidad a los valores, los principios y los intereses de sus electores.

El sistema de distritos pequeños es fácil y a la vez difícil de introducir en nuestro ordenamiento jurídico ya que no puede introducirse con cambios a la Ley electoral siendo necesario reformar la propia Constitución de la Republica –tal lo difícil– pero es fácil, a la vez, ya que la reforma se trata de uno solo de sus artículos, el 157, artículo que impone los distritos inmensos y el listado nacional de diputados –y, sin decirlo– todas sus secuelas: listados de candidatos en los departamentos, campañas largas y costosas, monopolio de los partidos políticos para postular candidatos, período constitucional de cuatro años para los diputados que se elige, largo período que abona el divorcio que existe entre electos y electores.

En reiteradas ocasiones me he referido a este tema y habrá de seguirlo haciendo ya que la clave de todo se encuentra en el Congreso de la República siendo este quien define el presupuesto y quien emite las leyes. En otras palabras quien decide los impuestos a pagar y el endeudamiento que tengamos y quien decide en qué gastarlo, si en educación, si en salud, si en seguridad, si en justicia o –incluso– si en lo  absolutamente improductivo.

En otras palabras, cuando recordamos que es el Congreso quien emite las leyes, recordamos que es quien emite las que cumplirá y hará cumplir el Presidente de la República y que aplicarán los jueces.

¿Jueces “buenos” para aplicar leyes malas. Presidente que cumpla y haga  cumplir malas leyes?

¿Cuál es la gana de no querer comprender que la clave se encuentra en el Congreso?

¿Quién es su diputado?

Y si no sabe usted quién es su diputado ¿Qué incidencia podría tener usted sobre el presupuesto y las leyes? ¿Cuál la incidencia de los demás ciudadanos que, al igual que usted, también lo ignoran?

¿Cómo premiar el buen desempeño y cómo castigar el malo?

¿Quién es su diputado, amigo lector?

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