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Opiniones de hoy

Partidos Regionales

opinion

Los movimientos sociales deben disputar el poder a nivel local, es un asunto no negociable.

 

Después de los Acuerdos de Paz, se retoma nuevamente la discusión societal sobre la importancia de las reformas constitucionales y del régimen político-electoral. Las enmiendas a la Carta Magna fueron regresivas en 1994 y en 1999 –hoy están estancadas en el fango legislativo conservador, oligárquico-militar y racista–. Los cambios en el sistema político han sido lentos y cosméticos, no han logrado desmontar la partidocracia estéril, heredera de un neoliberalismo mal encarnado de corte contrainsurgente.

La crisis institucional de los partidos políticos es histórica –los cacos y bacos son la génesis de la cooptación superestructural del Estado–, paradójicamente se acentúa con la “transición democrática” de 1985, el anhelo de constituir partidos regionales se da en ese contexto, debido a que las organizaciones partidarias se han consolidado como empresas del saqueo público, como instrumentos de despojo de la moral colectiva y como mecanismos de aniquilamiento de la comunidad y autogobierno ancestral.

A decir verdad, en términos de costo-beneficio se ha invertido un sinnúmero de capital en el fortalecimiento de los partidos políticos en Guatemala y los resultados son pobres, la creación de institucionalidad democrática todavía es una quimera ciudadana.

El actual pliego de propuestas de reforma electoral no contempla la existencia de partidos regionales, más bien de Comités Cívicos Distritales y Municipales (CCDM), una figura temporal que no plantea igualdad de oportunidades para competir electoralmente con las maquinarias patronales (tiempo, capacitación, financiamiento, propaganda, movilización y asambleas); tanto las franquicias tradicionales como los comités cívicos adolecen de liderazgos democráticos, consistencia ideológica, plataforma programática y territorialidad.

Empero, me parece que los CCDM no rompen con el monopolio de los partidos políticos a nivel territorial, pero permiten en cierta medida descentralizar el sistema político, abren la posibilidad para que organizaciones como CODECA, Semilla, SOMOS, Movimiento Pueblo y otras pueden postular candidatos al Congreso y Municipalidades, reivindican el regionalismo político.

Ahora bien, los CCDM atomizan más el sistema político-electoral (26 partidos inscritos actualmente), a su vez son instancias alternativas que pueden mejorar la representatividad y legitimidad de las mayorías subrepresentadas, la articulación como bloque de contrapoder es clave. Hay lecciones positivas en Costa Rica, España, Chile y Perú.

framont@gmail.com

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