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Opiniones de hoy

¿Choque de civilizaciones?

opinion

El nacionalismo, el autoritarismo y la xenofobia no parecen ser la solución a nuestra condición actual, sino el problema mismo.

En su discurso, pronunciado en Varsovia, la capital polaca, Donald Trump preguntó el pasado jueves si Occidente tendría la voluntad de sobrevivir. Aún más: afirmó que la civilización occidental enfrenta un riesgo existencial, cuya causa es el terrorismo islámico y el avance silencioso del burocratismo gubernamental. Tales advertencias fueron expresadas y bien recibidas en un país cuyo Gobierno actual se ha pronunciado por un nacionalismo autoritario.

“La cuestión fundamental de nuestro tiempo es si Occidente tiene la voluntad de sobrevivir”, dijo el presidente Trump. “¿Tenemos la confianza en nuestros valores para defenderlos a cualquier costo? ¿Tenemos suficiente respeto para que nuestros ciudadanos protejan nuestras fronteras? ¿Tenemos el deseo y el coraje de preservar nuestra civilización ante aquellos que la subvertirían y la destruirían?”

Trump repitió en su discurso una y otra vez las palabras “civilización occidental”, en el contexto de una lucha de “nosotros contra ellos”, de los buenos contra los malos, recordando el famoso libro, de 1996, El choque de civilizaciones, del profesor Samuel Huntington.

La civilización, según Huntington, es la mayor unidad social que nos identifica y a la que los humanos le otorgamos nuestra lealtad. La base de cada civilización son unos valores que generalmente brotan de una religión específica. Así, la civilización occidental estaría sustentada en los valores del cristianismo, específicamente del cristianismo protestante o reformado. Esta sería diferente, aunque todavía cercana a la civilización católica mediterránea y a la civilización ruso-ortodoxa, compartiendo las tres ciertos valores cristianos comunes.

Los conflictos entre las civilizaciones se producen, y en ocasiones se vuelven conflictos sumamente violentos, en regiones geográficas en las que las mismas son vecinas distantes. Tal es, por ejemplo, el caso en los cerca de tres mil kilómetros de la frontera que divide a los Estados Unidos de México e Iberoamérica, dos civilizaciones cristianas diferentes. Semejante sería el caso de Polonia, parte integral de la civilización católica, pero que comparte fronteras tradicionalmente conflictivas con sociedades pertenecientes a las civilizaciones rusa-ortodoxa y a la occidental protestante.

El análisis político a partir del choque de civilizaciones quizás pueda explicar el nacionalismo autoritario de los gobiernos de Polonia y México, y de algunos otros países del Continente Iberoamericano, siempre en relaciones conflictivas con los Estados Unidos o con Inglaterra. Sin embargo, la idea de los choques fronterizos entre las civilizaciones de Samuel Huntington bien podría explicar en parte el conflicto civilizatorio mundial con el Islam. La civilización islámica rodea el planeta como un cinturón ecuatorial y mantiene fronteras geográficas con todas las restantes civilizaciones, excepto con la nipona.

Pero en las circunstancias actuales del mundo, que –según palabras de Marshall McLuhan– se ha convertido ya en una “aldea global”, en la que todos los humanos somos vecinos cercanos, las palabras y las actitudes autoritarias, nacionalistas y xenófobas de Donald Trump y otros dirigentes mundiales solo pueden generar mayores conflictos, con terribles consecuencias para la humanidad entera.

Si las religiones particulares y sus diferentes valores son el basamento de las civilizaciones y sus sangrientos choques, quizá será necesario y urgente construir una religión no sectaria de la humanidad: una religión que abrace y respete el valor de todos los seres humanos y toda la vida en este bello planeta que estamos en peligro cercano de dañar irremediablemente e incluso de destruir completamente. El nacionalismo, el autoritarismo y la xenofobia no parecen ser la solución a nuestra condición actual, sino el problema mismo.

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