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Opiniones de hoy

En la Ciudad Prohibida

opinion

Historias de un mundo de dragones.

 

Estoy en la parte más erótica de la Ciudad Prohibida, en Pekín, en donde estaban confinadas las concubinas; aquellas mujeres cuya única finalidad era darle noches (o días) de placer al Emperador chino, así como también hijos, especialmente varones. Cuando a una concubina le avisaban que el Emperador llegaría con ella, se preparaba para darle una noche loca; y la competencia entre las concubinas por agradar al Emperador era feroz. (¡Si esas paredes de madera hablaran, qué no contarían! Sin duda, que serían relatos para ganar un Premio Nobel de literatura). Muchas veces, cuando un Emperador moría enterraban vivas a todas sus concubinas, para que lo acompañaran en el viaje a la otra vida. ¡Del carajo! Pero esta no era la única iniquidad de la Ciudad Prohibida, pues también estaba la de los eunucos, hombres que habían sido castrados de niños para que, liberados del sexo, pudieran ocuparse de los quehaceres domésticos en La Ciudad Prohibida sin aventuras amorosas ni celos de nadie. ¡Cuanta rabia y odio acumulados no guardarían los eunucos contra el sistema que les había privado, de por vida, de su sexualidad! ¡Tremendo!

Dejó atrás la parte humana para ocuparme de los aspectos físicos y culturales. La Ciudad Prohibida, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, es un complejo de palacios (980 edificios), explanadas y jardines de estilo palaciego chino, construido durante 15 años por más de un millón de obreros, según se estima, en un área rectangular de 72 hectáreas, resguardada por muros, y por un foso externo con agua de 52 metros de ancho, para hacer de la Ciudad Prohibida un sitio inexpugnable. En su interior hay también inmensos edificios de mucha altura para la tropa, y el necesario resguardo militar. La Ciudad Prohibida fue palacio imperial durante casi 500 años (hasta 1912); albergó a 24 Emperadores de las dinastías Ming y Qing y a sus cortes; además de haber sido centro ceremonial y político del Emperador.

El complejo, de extraordinaria estética, tiene un total de 9 mil 999 estancias porque como, según el creador del mismo, le había sido revelado en sueños que el cielo tenia 10 mil habitaciones, la sede del Emperador debería tener una menos. La Ciudad Prohibida, pues, estaba un peldaño abajo del cielo.

Por demás está decir que la Ciudad Prohibida representa el complejo palaciego más grande del mundo, y que su nombre deriva del hecho que nadie podía entrar ni salir de aquel lugar sin el permiso del Emperador. La Ciudad Prohibida tiene estatuas de inmensos leones de bronce, sentados a la orilla de las puertas de entrada de los palacios principales, así como también hay las de otros animales, también en bronce; plazas y pasamanos de mármol tallado; el impresionante trono del Emperador, tallado en madera recubierta de oro y pintura; techos pintados a mano con partes recubiertas de oro. Hay exhibiciones de jarrones pintados a mano, utensilios de uso diario, y una colección de relojes antiguos, entre otros artefactos de gran valor artístico. Hasta la persona menos sensible al arte, se queda boquiabierta ante aquel inmenso lugar, inmerso en un mundo de estética y significados. Sin pestañar, en la Ciudad Prohibida los dragones te observan por todos lados.

Como la prisa corre (el espacio para este artículo), cuento que con mi esposa y mis hijos nos dirigimos a la famosa e inmensa Plaza Tiananmen (la mayor del mundo), contigua a la Ciudad Prohibida por el lado sur; un lugar que es símbolo de la rebeldía de un pueblo oprimido que, representado por universitarios, obreros e intelectuales que pedían mayor libertad, fue masacrado sin piedad. Mi generación aún recuerda la foto de un chino que se planta y detiene a una columna de tanques, que fue tomada el 5 de junio de 1989. El joven anónimo fue declarado por la Revista Time como una de las cien personas más influyentes del Siglo XX. Paradójicamente, en la Plaza, que es símbolo de la aspiración de libertad de un pueblo, se encuentra la urna con el cuerpo preservado de Mao Tse-tung, el déspota que por razones políticas masacró a millones de chinos, y que con sus erradas políticas económicas provocó hambrunas sin parangón alguno, en las que murieron millones de personas. ¡Una historia de los once mil dragones!

Al día siguiente, fuimos a visitar la Muralla China, una cicatriz en la tierra de una extensión mayor a la que hay entre la Ciudad de Vancouver, Canadá, y la Guatemala de la Asunción. ¡Wow! Tiene dos muros, almenado el externo, con un camino en medio por donde podían moverse con rapidez los soldados hasta un punto militar donde hubiera una sangría. Cuenta con atalayas y torres de refugio y descanso. Por siglos, cumplió su propósito defensivo. La Muralla China, que es impresionante y colosal, y cuya visita te deja sin respiración, es, sin duda, una de las grandes maravillas fabricadas por el ser humano en toda su historia.

(Continuará…)

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