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Opiniones de hoy

Rendir la democracia a la opresión

opinion

Si fracasamos en ganar la batalla contra el narcoterrorismo en verdad lo que estaremos haciendo es renunciar al ideal democrático.

 

La incapacidad del Estado guatemalteco de controlar a los grupos de narcoterroristas que impregnan nuestro país es una clara señal que estamos sumergidos en un nuevo conflicto interno. Uno que, a diferencia del anterior, no está siendo liberado por diferencias ideológicas sino más bien por motivaciones económicas. Lo que debe quedar claro es que esta nueva especie de lucha sigue siendo, al fin, un conflicto armado.

Ciertamente el nuevo enemigo –los narcoterroristas­– operan en formas que van más allá de las prácticas que caracterizan al crimen organizado y más bien parecen grupos insurgentes por la forma en la que enfrentan a las fuerzas de seguridad del Estado.

Una clara diferencia en la forma de encarar esta guerra interna es el hecho que, si bien los narcoterroristas buscan cierto control de territorio, este dominio se basa más en un interés económico y no busca –como en los 80– botar al gobierno central. Más bien lo que buscan es perdurar administraciones débiles que les concedan los espacios necesarios para que sean ellos quienes ejerzan el poder. Y he precisamente ahí la razón por lo que denomino esto un conflicto armado interno: el Estado guatemalteco está siendo amenazado en su integralidad por grupos armados que buscan hacerse con el poder.

Para poner esto en perspectiva, y ya que el problema es gran medida importado del norte, tome en cuenta que el año pasado hubo 23 mil homicidios en México, convirtiendo el conflicto mejicano en el segundo más letal del globo, solo superado por el conflicto en Siria. De hecho, con esa cifra de muertos la guerra mejicana está por encima de las guerras libradas en Iraq y Afganistán.

Sé muy bien que llamar a esto un conflicto armado interno provocará profundas cóleras en muchas personas, pero como bien dice Greg Downs, profesor de historia de la Universidad de California: “Si no encontramos la forma de categorizar correctamente lo que enfrentamos difícilmente podremos responder correctamente.”

Downs, autor del libro After Appomattox, explica que prácticamente todos los conflictos civiles incluyen insurgencia y amplia actividad criminal. Justo como este.

¿Qué hacer entonces? Luego de reconocer el problema y la gravedad real que trae consigo creo que lo segundo es limpiar. Como bien dice el periodista mejicano Emanuel Gallardo refiriéndose al conflicto propio en su país: lo primero es erradicar la corrupción y la impunidad para criminales.

Downs alerta sobre algo muy significativo, si se dejan ciertas áreas del país abandonadas a los insurrectos para así generar una forma parcial de estabilidad, lo que realmente estaremos haciendo es claudicar a la idea de una verdadera democracia.

Si fracasamos en ganar la batalla contra el narcoterrorismo en verdad lo que estaremos haciendo es renunciar a la democracia.

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