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Opiniones de hoy

Que nadie se quede atrás

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“Estamos juntos en esto”. Con esas palabras el Vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, dio inicio al Foro sobre Prosperidad y Seguridad para Centroamérica, llevado a cabo la semana pasada en Miami. Tal y cómo Pence expresó, la prosperidad y seguridad de Centroamérica es de gran interés para Estados Unidos, ya que los destinos de nuestras naciones están entrelazados. Existe el importante precedente de Colombia, donde los sectores públicos y privados, con el apoyo de Estados Unidos, convergieron en el plan que transformó a dicha nación.

Para el Vicepresidente Pence, una economía próspera motiva a sus habitantes a echar raíces en lugar de obligarlos a huir hacia el Norte. Para seguir avanzando en la ruta de generación de empleo, nuestros países deben derribar los obstáculos que impiden el crecimiento, reformar sistemas tributarios y regulatorios, y erradicar la corrupción en todos los niveles de gobierno. Pero, ¿cuáles son esos obstáculos al crecimiento incluyente y cómo se derriban? Una de las principales limitantes a nuestro crecimiento es la enorme ausencia de infraestructura estratégica. Esa es la base sobre la cual sociedades prósperas han sido construidas, pero hoy Guatemala es un país con una infraestructura deficiente, frenando así el progreso de toda la nación. De hecho, durante los últimos 15 años, Guatemala ha sido el país de la región que menos ha invertido en infraestructura, destinando a ello únicamente 14 por ciento del PIB, sumando tanto lo público como lo privado, cuando en realidad deberíamos de invertir, por lo menos, 25 por ciento.

Tuve la oportunidad de aportar sobre este tema como panelista en la Mesa de Infraestructura. La discusión fue moderada por Julie Katzman, Vicepresidenta Ejecutiva y Jefa de Operaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Muy temprano durante la discusión, se hizo evidente que todos estábamos en la misma página, ya que todos buscamos el desarrollo de la región y estamos conscientes que no hay nada que tenga el mismo potencial para generar empleo, para brindar acceso a educación y salud para las poblaciones más alejadas, para reducir la migración ilegal, y demás. Julie entonces planteó una reflexión fundamental en ese sentido: si todos estamos de acuerdo del potencial dinamizador y de inclusión que tendría la infraestructura, ¿por qué no la hemos construido?

Mi respuesta a la interrogante se decantaba en cinco aspectos: (i) el predominio de la corrupción, (ii) procesos de compra complejos y burocráticos, (iii) la poca capacidad de ejecución del gobierno, (iv) la falta de certeza jurídica, incluyendo mecanismos que regulen la aplicación del Convenio 169 y la expropiación, y (v) los recursos disponibles. Como país, debemos aspirar a un esquema de gobernanza que asegure la transparencia y la calidad de este tipo de inversión, aprovechando al máximo los recursos tecnológicos y auditando los proyectos que se lleven a cabo. Tenemos que entender que, sin inversión en infraestructura estratégica, difícilmente saldremos adelante. Y es por eso que urgen acciones para contrarrestar esta gran deficiencia que viene desde hace muchos años.

Aunque los acuerdos estén sujetos a procesos más amplios de socialización, por algún lugar debemos arrancar. En ese sentido, el foro tuvo resultados muy positivos para que los países del Triángulo Norte podamos avanzar decididamente. En el caso de Guatemala, se llegaron a acuerdos específicos en cuanto al desarrollo de infraestructura estratégica, entre ellos: (i) la creación de un fondo de infraestructura con el apoyo del sector productivo, (ii) el diseño, estructuración y lanzamiento de una entidad a cargo de la priorización, gestión ejecución y seguimiento de los principales proyectos de infraestructura y (iii) el desarrollo de tres o cuatro proyectos críticos, como plan de choque en el corto plazo. Pero, sobre todo, me parece sumamente valioso el nivel de apertura, colaboración y disposición que las autoridades están asumiendo. En ese sentido, se identificaron áreas de apoyo desde la comunidad internacional. Sin duda alguna, solamente colaborando podremos sacar adelante este ambicioso plan.

La ruta está clara, pero ahora es momento de poner manos a la obra. ¿Cómo logramos asegurar que la inversión en infraestructura se lleve a cabo de manera incluyente? ¿cómo conectamos todos los rincones de nuestro país? ¿cómo logramos que todas las voces de la provincia sean escuchadas? ¿cómo pasamos de los planes a la acción? Recordemos que hay mucho en juego y, al final, es la población más desatendida, más pobre y más lejana a quienes más afecta la enorme brecha en infraestructura. Todos jugamos un papel crucial en la construcción de un mejor futuro, no solo de nuestro país, sino de la región entera. ¿Quién se podría oponer a este planteamiento y por qué razones? Es tiempo de recordar la sabiduría de nuestros antepasados y hacerla nuestra una vez más, como bien dice el Popol Vuh: “que todos se levanten, que se llame a todos, que no haya un grupo, ni dos grupos de entre nosotros que se quede atrás de los demás”.

www.salvadorpaiz.com

@salva_paiz

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