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Opiniones de hoy

La plaga de los COCODE

opinion

Ya no se puede tomar decisiones por el bienestar colectivo sin pedir permiso a los COCODE.

Guatemala es un país sin cabeza, donde el Estado prohíbe, y quienes mandan son las organizaciones menudas, tanto bandas delincuenciales, maras y narcos, como las adecuadamente sociales, especialmente los COCODE, que hasta el nombre asusta. Ya viene el coco, decían en el pasado a los niños para meterles miedo.

Nuestro país está dividido en miles de fragmentos, al estilo feudal. Cada barrio, sector, comunidad define “su territorio”, el espacio que se identifica como propiedad privada, porque hemos perdimos el sentido de patria, y no podemos decir que el país sea nuestro, sino vamos a la propiedad escriturada o alquilada o usurpada para marcar límites. Pero ni así, porque hasta adentro de los hogares hay división, ya no se manda sobre los cuartos de los hijos, pensionistas o servicio, quienes de repente se organizan para impedir al jefe de familia que pinte la casa de un color o pase un tubo de agua caliente debajo de un cuarto, y el debate podría terminar resolviéndose con amparos en la Corte de Constitucionalidad. Pero bueno, como los individuos aislados están perdidos al momento de salir a la calle, al espacio de guerra, entonces han tenido que organizarse para establecer límites colectivos de seguridad en espacios grandes, como campos de concentración, y conforman comités de barrio para administrarse, que son organizaciones separatistas e independentistas, diseñadas para el desarrollo, pero trucados para oponerse o defenderse de los demás ante la falta de Estado.

El sistema devendrá pronto en un martirio y frena el desarrollo, porque una vez los líderes se empoderan empiezan a oponerse a la autoridad, reconocen al Estado no como la institución que norma a todos sino un instrumento a su servicio, y el Estado acepta la condición lamentable de árbitro.

Los comités se politizan, se contaminan, se pervierten, y son reflejo de la sociedad misma. Son fuente de poder, de aprovechamiento, de dominio de unos ciudadanos sobre otros, mandan a quienes están sujetos dentro de los límites territoriales, tiranizan y al cabo de un tiempo motivan el surgimiento de otros comités dentro del mismo espacio, constituyendo una red inmensa e intransigente. Pequeños dictadores subyugan a los demás y crean categorías de vecinos en las áreas urbanas cerradas, porque unos pagan la doble tributación y otros se niegan, y por la puerta cómoda pasan unos, pero a los otros les cueste, que vayan a la puerta a recoger su pizza. En las áreas rurales es más complejo, porque allí intervienen las diferencias étnicas y la intolerancia histórica.

El Estado ya no se puede tomar decisiones por el bienestar colectivo sin pedir permiso a los COCODE, y como nadie se pone de acuerdo con nadie, toda actividad se detiene.

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