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Opiniones de hoy

El poder del PRI no es ficción

opinion

Es un partido de masas que mantiene el poder político, la institucionalidad y un pensamiento democrático definido.

 

Un breve recorrido por la historia política de México revela que va de la mano del PRI, calificado en su momento de dictadura perfecta y el partido que lo convirtió en un teatro al aire libre predicando el culto a la farsa enseñando a respetarla, poniéndose sin querer a la vanguardia de la realidad virtual. Con astucia fue cambiando, adaptándose a los nuevos tiempos con un mimetismo fuera de lo común, dejando tiradas las equivocaciones del pasado y los recuerdos oscuros para que los recoja la leyenda o la melancolía. Cuando parecía sucumbir por la edad y persistencia de los errores de sus dirigentes surgió Salinas de Gortari y lo rescató, el partido no desperdició la ocasión y capitalizó el éxito de su gestión caracterizada por resolver la crisis económica y financiera más severa de México en el siglo pasado, superando con habilidad el problema creado por los Zapatistas y las repercusiones de la muerte dramática de Colosio –candidato Presidencial–, endosándole el apoyo popular a Ernesto Zedillo, ganando las elecciones y gobernando otro sexenio demostrando su eficacia y visión. Parte de la estrategia se basó en promover y dirigir un movimiento renovador institucional sustituyendo sin conmoverse a los responsables de construir y mantener un sistema ineficiente que dejó a México en paños menores a merced de la codicia de los países industrializados. Su desgaste natural por los excesos le pasó factura cediendo el poder al Partido Acción Nacional –PAN– dos sexenios, con la previa escisión de Cuauhtémoc Cárdenas fundador del partido de la Revolución democrática PRD, del que se desligó antes que Andrés Manuel López Obrador –AMLO– quien perdió dos elecciones presidenciales reclamando fraude. El declive del PRI dio lugar a una reorganización sin precedentes, profunda y rigurosa, los viejos dirigentes se apartaron y las nuevas generaciones enriquecidas por su conocimiento y experiencia recuperaron el poder con Peña Nieto. Un proceso dinámico que detuvo la erosión capacitando y formando cuadros a nivel nacional, actualizando la voluntad colectiva popular de cambio y la búsqueda permanente de una reforma social inevitable, consolidando un liderazgo sometido a turbulencias severas de origen interno y externo.

Pese a las dificultades de distinta naturaleza de Peña Nieto reflejadas en su baja popularidad, el PRI ganó las elecciones en varios estados incluido el de México, símbolo de la hegemonía política que se reflejará en las presidenciales del 2018. Derrotando a López Obrador –Morena– y al PAN demostró que no es rehén de los errores del gobierno, que es un partido de masas que mantiene el poder político, la institucionalidad y un pensamiento democrático definido y que la victoria anunciada de AMLO el próximo año no es pan comido. López Obrador favorito en las encuestas y fortalecido más por el desgaste de Peña Nieto que por méritos propios, enfrentará una poderosa maquinaria electoral que maneja con pericia la ingeniería de la propaganda y los efectos políticos. La preocupación común es captar el voto de los jóvenes decantados por una rebelión social basada en otra percepción de la vida, de los valores, y un pensamiento modelado por la informática que cuestiona un sistema que funciona con la obligación o necesidad de elegir políticos que se envilecen en el poder y pierden su condición humana dañando inclusive a sus electores, lacra social que ojalá sea eliminada en el futuro por la inteligencia humana o la artificial. Sacudido por la desigualdad abismal, la delincuencia organizada y la geopolítica encarnada por Trump y su laberinto, México necesita y busca un cambio significativo acorde a su grandeza, que le permita superar una crisis de gran magnitud. Es imposible resumir en una pincelada el apogeo, declive, sombras y luces del PRI, una de las pocas entidades que puede llamarse partido político en la región, donde la debilidad de la democracia es peor y más peligrosa que la llamada dictadura democrática.

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