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Opiniones de hoy

Diario de un joven Down

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Posé con una sonrisa arrebatadora.

Cuando escribí por primera vez en elPeriódico era un niño de apenas nueve años. Ahora, a mis 13, soy un adolescente Down, a punto de ser joven. Han ocurrido cambios en mi cuerpo. Igual que a mis hermanos mayores, me salen pelitos por todos lados, aunque no soy tan alto como ellos. Mi voz sin embargo está cambiando. Me acerco la mano a la garganta y pronuncio palabras como “ronrón” y mi mano vibra, impresionante.

Tengo muchos planes y me estoy preparando. Por ejemplo, a los 16 años tomaré clases de manejo. De hecho, cerca de casa agarro el timón del carro y con el apoyo de mis papás conduzco cuidadosamente, a una velocidad moderada, sin pasar la línea amarilla ni topar la banqueta. Por lo único que me llaman la atención es que toco el claxon, pero es solo para saludar a las chicas, no para despertar niños ni ancianos. Confieso que no puedo mantener mucho tiempo la atención, así que los recorridos son cortos.

Me entreno también para ser columnista. Todos los días escribo en mi máquina, que está cerca de la de mi papá, pero a diferencia de él –que solo mira al techo y se agarra la cabeza– yo canto y cuento historias mientras tecleo a toda velocidad. Acostumbro también tomar media taza de café cuando trabajo en las mañanas, antes de ir al colegio. Hace unas semanas llegué a las oficinas de elPeriódico a una sesión de fotografía. Muy amablemente me recibió María del Carmen, y me convidó a galletas y un refresco. Un joven fotógrafo preparó el estudio, acomodó las luces e hizo click infinidad de veces. Fui vestido para la ocasión, con saco y corbata. Posé con una sonrisa arrebatadora y lucí mi mejor peinado. Aproveché para saludar a las chicas guapas del diario y darle la mano a Ramón, que trabajaba muy serio en una oficina. María del Carmen me presentó a una jefa, Julia, que me cayó muy bien.

Ya les conté que voy al colegio. Synergy se llama y me gusta mucho. Tengo amigas y amigos de todas las edades, y maestras muy lindas, que me enseñan sumas y multiplicaciones, además, sobre los animales vertebrados e invertebrados y la naturaleza. Hacemos actos en las tarimas y donde hago lo que más me encanta, que es actuar y bailar. Alejandra es una de mis maestras favoritas. Con Rocío me encanta estar; ella me enseñó a cocinar pizza y a manejar bicicleta de dos ruedas. Con Adela vemos letras y lectura; ella se encarga de darme estrellas y las acumulo como puntos para ir a México en Navidad con el abuelo y a mis primas María José y Fer. En México también están mis novias Esperanza y Vanessa, que me llevan de paseo a Peña Pobre y Six Flags, y les hablo de mi novia Grace en Guatemala. Me gusta que mis novias sean amigas, pues odio las peleas.

* Con el apoyo de Édgar Gutiérrez.

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