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Opiniones de hoy

¡A perder, se ha dicho!

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Nadie, en su sano juicio, compraría productos por 122 mil 230 quetzales para venderlos en 89 mil 958 y perder de 32 mil 272, otro de los “pequeños” detalles que demuestran que, en el caso de las canastas navideñas todo se trató del fraccionamiento de una compra y no de defraudación alguna.

 

Antes de entrar al fondo de esta columna es importante señalar que ni José Manuel Morales, ni su tío, celebraron compraventa alguna con el Registro de la Propiedad siendo la señora Abdy Estrada, mamá de quien era la novia del primero, la única que lo hizo: Ella, Abdy Estrada, la contratante y la única beneficiaria de lo actuado.

José Manuel Morales y su tío, sin embargo, continuarán en el proceso puesto que este, sin su presencia, carecería de importancia: ningún brillo para la acusación ni carne para la prensa.

Si delito –que no lo hubo– o fraccionamiento –que si lo hubo– la señora Abdy Estrada, así lo ha reconocido, la única responsable. (También los funcionarios).

Entrando al fondo, lo que hace obvio el “pequeño” detalle a que se refiere la frase titular de esta columna es que ella, la señora Abdy Estrada, no compró productos por nadie 122 mil 230 quetzales para venderlos en 89 mil 958 –monto de la factura que ampara este concepto, sino en 269 mil 93 monto al que ascienden las tres.

Lo probado –y que no se quiere ver– es que en las tres se simuló el concepto siendo lo real que todas amparaban –por un precio total de 269 mil 933 quetzales– la compraventa de 564 canastas navideñas, las que fueron entregadas.

Por eso es que no existe fraude en este asunto: porque, aunque se simularan otras negociaciones, desayunos y refacciones, el Registro recibió, a cambio de su dinero, lo que compraba, las canastas citadas.

En este caso, más allá de la apariencia, más allá de las formas, se encuentra la verdad material –lo que verdaderamente ocurrió y que no fue lo simulado.

 ¿Por qué fraccionaron la compraventa Abdy Estrada y la entidad compradora?

Porque la ley no permite que se realicen compras directas cuando estas sobrepasan los 90 mil quetzales y la compra a realizar sobrepasaban la citada cantidad (A proveedores distintos en los años 2012 y 2014 se les pagó cantidad similar a la del total de las tres facturas, por similar cantidad de canastas).

¿Por qué la simulación de conceptos?

Porque si las tres se hubieran presentado por canastas navideñas hubiera sido obvio el fraccionamiento que se hacía.

¿Qué obligaciones han incumplido las autoridades y siguen incumpliendo?

La de perseguir y castigar el fraccionamiento habido (CGC) y la de accionar en contra de las simulaciones realizadas (PGN).

La defensa del Estado en el extranjero es integral –desunidos los de dentro los devoran los de fuera– y poco favor le hace a nuestro prestigio la necesaria comparación que surge: la escandalosa captura, las innecesarias prisiones preventivas y el inconsistente debate en contra de José Manuel Morales y de su tío en tanto que en el caso de la Terminal de Contenedores de Puerto Quetzal –ni siquiera se le ha puesto a este caso un nombre bonito ¿Por qué?– sigue el magnate español en libertad, minimizado y encubierto este caso millonario; el comiso (MP) como que si no existiera y como que si los fallos de los jueces (PGN) no tuvieran que acatarse.

 ¿Por qué la ceguera de no ver que todo se trató del fraccionamiento de una compra?

 ¿Por qué tanto escándalo en este caso y silencio en el otro?

La Jueza habría expresado, cito: “es una barbaridad el tiempo que nos hemos llevado por los errores del MP, muchísimas inconsistencias en las actuaciones” y bien dicho está pero no se percata, lamentablemente, que incurre en lo mismo que critica: Pérdida de tiempo para los tribunales que –tarde o temprano– habrán de estar a la verdad (fraccionamiento) y no a la forma (el aparente fraude), José Manuel y Sammy Morales, en todo caso, ajenos a uno u otro –exonerados como lo han sido por la señora Abdy Estrada de responsabilidad alguna, una exoneración que es conteste con los hechos.

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