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Opiniones de hoy

La era de la subjetividad (I)

opinion

Desafíos que merecen mejor respuesta que la violencia.

En una amena reunión, una persona a quien respeto mucho me comentaba su desacuerdo con mi última columna. Yo había afirmado que estábamos viviendo la era de la subjetividad donde la elección personal define cuál es la verdad que nuestros ojos pueden ver, desde la perspectiva en la que nos encontramos. Una era que ha quebrado con la creencia en los valores absolutos generados desde afuera por la Iglesia, el Estado o la moral social. Una era donde la gente construye con relativa libertad su propia visión del mundo y demanda respeto justamente a eso… a la subjetividad. Mi interlocutor no estaba de acuerdo con mi postura, aunque no me aclaró porqué.

Esta semana el atentado en Manchester nos dejó con ese amargo sabor que trae la violencia terrorista: muertes de niños, adolescentes y personas inocentes. “Objetivos blandos”, les llaman los técnicos, queriendo resaltar la vulnerabilidad en la cual vivimos. Y no cabe duda que esta incursión del pensamiento extremista dentro del seno mismo del primer mundo, nos tendría que hacer reflexionar.

No se trata solamente de la tragedia de las personas que fallecieron inocentemente. También está frente a nuestros ojos la otra tragedia: el terrorista era un muchacho de 22 años, nacido y criado en Inglaterra, de origen libio, y atendía una universidad en Manchester. ¿Por qué podría un joven insertado dentro de la sociedad occidental (y sus privilegios) optar por una solución tan trágica para su propia vida? Explotar en pedazos en medio de una muchedumbre es un acto terrible. ¿Cómo toma un muchacho tan joven esa decisión de vida tan extrema?

Y he aquí donde regresamos a la subjetividad de la verdad y a la ausencia de valores absolutos. Aun el sagrado valor que asignamos a la vida puede convertirse en un valor relativo, como bien lo demuestran los hechos. Pero, no se trata de ver un peligro en la subjetividad. Verlo de esta manera solamente traerá consigo los viejos males que ya conocemos: represión, imposición de “verdades absolutas” por diversos medios ultrapoderosos, oscurantismos.

Lo que conviene es asignar a la construcción de las diversas subjetividades el valor que esta delicada tarea merece. Cada individuo es portador de bien y de mal. ¿Cómo contribuimos a crear las condiciones para que estos individuos desaten el bien del cual son potencialmente capaces? El intelecto humano es poderoso y debería causarnos horror la manera en que nos hemos vuelto indiferentes hacia la individualidad. Meter a un joven en la obtusa maquinaria del trabajo sin sentido, de la educación sin sentido, de la vida sin sentido, es abrir la puerta para radicalizarlo. O bien, marginarlo hasta hacerlo sentir que su vida no tiene ninguna importancia para la sociedad, como sucede en países como Guatemala con sus otros extremistas radicales, los mareros.

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