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Opiniones de hoy

Tierra y trabajo

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Los rezagos de la Guatemala Siglo XXI.

 

Atisbar desde la lejanía, los –aún– verdes campos de las Verapaces, lleva a pensarlos como idílicos valles, bordeados de montañas, ríos cristalinos, entrelazados con producción agrícola natural que deriva en alimento de millones de personas; sus habitantes, fincan en la tierra cultura y asiento de ideas históricas. En aquellos aires cruza el rumor de idiomas propios, que dan forma al pensamiento de sus habitantes originarios, surca el viento, música, arrancada de las entrañas del hormigo y el arpa de cuerdas; todo allá –parecería– discurrir en franca armonía: hombre-mujer-animales…naturaleza. Sin embargo, las entrañas de los verdes valles, develan una tormentosa realidad. Un trueno de tempestad borró de tajo, aquel orden –algún día idílico– y sus formas de gobierno.

Era la “conquista pacífica” de personas y parajes. El inicio de la obra de los gachupines. Tres siglos después los “liberales” concluyeron, que aún, con el “empuje” europeo, llegado, a aquella zona con arcabuz, cruz y biblia; no había tenido –luego de tres siglos– el necesario resultado de “civilizar” a los habitantes originarios y sacarle el provecho debido a la tierra sobre la que dormitaban aquellos (atrasados sujetos). No tuvo el liberal gobernante, apellidado Barrios Auyón y llamado equivocadamente Justo; otra idea que llevar –otra vez– europeos para acelerar el progreso de aquellos bárbaros, que por no hablar el idioma español, el régimen liberal no les había otorgado ciudadanía guatemalteca. No se la merecían. Para atraer a los europeos, se les otorgó tierra de forma generosa, tierra, que obviamente no pertenecía a Rufo. Así, continuó el tormento de los habitantes del idílico paraje. Inició otro periodo de la obra “civilizatoria”. La civilización Q’eqchi’, perdió más territorio y se profundizó su papel esclavo.

Ahora: siglo XXI. Las condiciones del idílico lugar son otras…con iguales resultados. La obra civilizatoria se denomina desarrollo. Ofrece empleo y vida moderna. Otros señores ocupan aquellos campos, en forma anónima. Son S.A. Como en las ocasiones anteriores, son asistidos por la fuerza del Estado. Décadas previas hubo limpias: masacres y quema de pueblos –el tormento sigue. Los del desarrollo arrebatan tierra, agua y alimento. No hacen esclavos. Existe “libre contratación”. Pero no hay empleo. El que quiera “jornaliar” un mes máximo. Por año. Obviamente sin IGSS, aguinaldo, bono y esas bagatelas. En fin. El tormento sigue: discriminación, racismo, desempleo, división comunitaria, nuevas enfermedades, contaminación de aguas y aire, represión, desigualdad. Resistencia: obvia. Organización indígena-campesina. Se les persigue. Encarcela. ¿Y el Estado? Desmayado, cansado. Merece vacaciones. Siglo XXI: un nuevo Estado es ineludible.

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