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Opiniones de hoy

El escenario ecuatoriano

opinion

El colapso de la institucionalidad política abre el camino para el caudillo populista.

 

Entre 1996 y el 2006, Ecuador fue el paradigma de la inestabilidad de América Latina. Todo inició en 1995, cuando el rechazo a las reformas económicas provocó la renuncia del Vicepresidente Alberto Dahik, al tiempo en que las denuncias de corrupción contra personajes de Gobierno pusieron contra las cuerdas a un debilitado presidente Sixto Durán-Ballén.

En medio de la crisis generada por las denuncias de corrupción, en las elecciones de 1996, el candidato Abdalá Buccaram, alcanzó la Presidencia explotando su pasado como presentador de medios de comunicación y su carácter mesiánico. Una vez en el poder, su gestión probó ser desastrosa. Su propensión a la improvisación, dada la falta de un plan de gobierno, así como los señalamientos de peculado en contra de sus familiares, destruyeron su credibilidad y generaron manifestaciones de rechazo. Con un Congreso controlado por la oposición, en febrero de 1997, los parlamentarios destituyeron a Buccaram alegando “incapacidad mental”.

El rechazo contra la vicepresidenta Rosalía Arteaga, provocó que el Congreso apelara a una argucia para evitar que asumiera la presidencia. Ante el vacío de poder, los señalamientos de Golpe por Buccaram y Arteaga, y la inestabilidad política, el Ejército propició un pacto que permitió al Presidente del Congreso, Fabián Alarcón, asumir la presidencia al tiempo en que se convocó a una Constituyente para realizar una reforma política.

Derivado de esta reforma, en las elecciones de 1998, alcanzó la presidencia Jamil Mahuad –un tecnócrata apoyado por la academia y la sociedad civil. No obstante, en menos de dos años, se gestó una crisis económica que provocó la quiebra de los principales bancos del país. Mahuad propició una política para rescatar el sistema financiero, pero en el proceso, se conoció que los bancos habrían financiado su campaña. En medio de la crisis política y financiera, el Ejército llevó a cabo un Golpe de Estado que llevó al poder al General Lucio Gutiérrez.

En el 2002, el mismo Gutiérrez fue electo Presidente bajo una plataforma anti-sistema y de izquierdas. No obstante, al no poder gobernar sin apoyo de los partidos tradicionales, Gutiérrez buscó gestar pactos con los partidos opositores, al tiempo que las denuncias de nepotismo y corrupción se hacían más frecuentes. Tras varias jornadas de protesta los enfrentamientos ciudadanos con la policía, el Congreso resolvió solicitar la renuncia de Gutiérrez. En ese contexto emergió Rafael Correa, como caudillo pacificador y reconstructor del orden institucional. No obstante, en 10 años, circularon 10 presidentes en Ecuador.

La historia ecuatoriana tiene muchas similitudes con la narrativa guatemalteca. Pero historias similares encontramos en la Venezuela antes de Chávez o Bolivia antes de Evo, países que tras varios años de inestabilidad optaron por un caudillo populista que, una vez en el poder, no solo reformó la Constitución, sino también cambió las reglas del juego económicas, relaciones de poder, etc. Desde hace varias semanas se escucha en Guatemala el argumento que impulsar una reforma constitucional constituye el primer paso en el camino hacia una Venezuela. Pero por el contrario, la experiencia nos dice que a mayor inestabilidad en el tiempo, mayor posibilidad de caer en manos de un caudillo populista. La alternativa a estos escenarios es el reencauce institucional: rescatar el sistema político-electoral, fortalecer la institucionalidad judicial y promover un pacto de nación.

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