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Opiniones de hoy

¿Usted también hubiera hecho lo mismo?

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Llamo a hacer valer la vida de tantas mujeres como Brenda Domínguez.

 

A Brenda Domínguez, la estudiante que por exigir tener una mejor educación perdió la vida, no la mató solamente la locura y bestialidad de ese tipo, la mató el discurso de una sociedad que sobrepone y justifica el individualismo y el egocentrismo sobre el derecho a la vida. La expulsó del tiempo una sociedad que ha perdido el respeto hacia la vida y que se desintegra en una honda deshumanización.

¿Qué dice de nosotros mismos una sociedad que ante esta tragedia colectiva se llena de comentarios en redes sociales que legitiman esta atrocidad, gritando todas esas voces clamando a una sola voz: “A ver si ahora la gente bochinchera por fin aprende la lección y deja de bloquear nuestras calles”.

¿Qué expresa sobre la sociedad que el asesino despiadado sea el hijo de un “líder espiritual”, un pastor evangélico, referente moral de otras personas?, ¿qué dice sobre el inconsciente colectivo que un asesino como este se entregue a la justicia sonriendo y diciendo como en demencia: “Dios es bueno”.

Como dice un mi cuate: “Bendiciones= te paso las llantas encima si me molestas”. O discurso del derecho a la libre locomoción=derecho a quitarte de mi camino si me estorbas. Bajeza moral. Desapego a la vida. Falta de humanidad y de cordura sobrecogedoras. Devaluación de la vida.

¿Estamos conscientes de lo manipulados que estamos? ¿Vemos los recursos y mecanismos perversos que usa el poder para hacernos creer que “hay unos buenos trabajadores empresarios y una partida de resentidos, cangrejos, huevones, bochincheros que no saben ni quieren trabajar”.

Para lograr legitimar el absurdo, el poder (vea usted lo posteado por una ex-Ministra de Educación) ha logrado cooptar a la opinión pública, de ahí que se haya vuelto casi un sentido común decir: “Las estudiantes son las responsables de haber sido agredidas por ponerse a protestar”.

El sistema nos manipula a su gusto y antojo y nosotros ni enterados, estúpidamente felices repitiendo: “para qué se ponen a protestar, mejor que trabajen, son pobres porque son huevones”.

Esta narrativa, o estos comentarios nacen de la misma degeneración (y manipulación por el discurso hegemónico) de cuando hace algunas semanas cuando sucedió la tragedia del “mal llamado hogar seguro”, un amplio segmento de la opinión pública expresó: “las quemaron por rebeldes”.

Además de este discurso hegemónico instalado en las mentalidades clasemedieras, o en el campesino que bendice a su patrón explotador, hay una cultura de violencia tejida a un nosotros; una apología de la cultura de la imagen que degrada la vida reduciéndola a la nada.

Esa apología de cultura de la imagen violenta encuentra un eco en los atentados terroristas como el de Niza o el de Estocolmo.

En Niza, Francia, en julio del año pasado, un ciudadano francés de origen tunecino atropelló a 84 personas con un camión. El pasado 7 de abril, se produjo otro atentado terrorista en Estocolmo, cuando un conductor de camión atropelló a varias personas.

En ambas situaciones se da la plena degradación del humano. El que comete el crimen, deshumaniza al otro, y en ese acto se deshumaniza a sí mismo.

¿Cómo puede ser que aquí la vida se desvalorice de esa manera que a todos nos repugna y nos duele? ¿Qué es la sociedad guatemalteca?, ¿nos convertimos en un estado mental?, no lo sé, pero sí que es cierto que la mezcla de la manipulación del discurso hegemónico, la pobreza, la desigualdad, exclusión en un contexto de cultura globalizada en el que se banalizan las imágenes del terror, nos ha convertido a todos en una hidra de mil cabezas; Guatemala, la indolente, la atormentada, fragmentada, herida, inerme, incompleta, rota.

¿Es usted de esos que también justifican al asesino y que dicen “yo hubiera hecho lo mismo”? En medio de este luto de Brenda, que es tragedia de todos, en medio de esta bestialidad, exigimos nuestro derecho de recuperar el sentido de lo humano, y desde ahí realizar cada una de nuestras acciones cotidianas y aprender a deconstruir el discurso hegemónico.

Llamo a hacer valer la vida de tantas mujeres como Brenda Domínguez. Excluidas y expulsadas. Llamo a trazar un camino de resistencia, de no sucumbir ante el dolor y el odio, sino que la misma se pueda convertir en la palanca de fuerza para reconstruir un proyecto humano para poder hacer sentido y futuro común.

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