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Opiniones de hoy

El Artículo 157

opinion

Una golondrina no hace verano y tampoco dos, pero ya van más de tres y, una a una, se irán sumando hasta lograrlo: una Guatemala distinta se empieza a gestar y al alcance de nuestras manos.

 

La única reforma constitucional que debemos realizar es la del Artículo 157 de la Constitución, tal y como lo he venido tantas veces repitiendo siendo ya muchas las voces que hacen suya la propuesta encontrándose, entre estas, la del propio estudiantado en la Huelga de Dolores: La fuerza y tozudez del burro –me halaga– enfrentado con el máximo vigor a todo el “establishment” político y rescatado así, el Estado, de lo que parecía ya un inevitable precipicio.

Si no se establece o restablece ¡Vaya usted a saber! la credibilidad en el Congreso. Si no tenemos la percepción de que en el Congreso nos encontramos todos los ciudadanos instalados –y lo estamos– no podrá realizarse la reordenación, ordenación, fundación o ¡Désele el nombre que se quiera! Refundación del Estado. Con palabras de Don Severo Martínez Peláez, Del Estado que habiendo empezado de unos pocos, sea el de todos.

Abogo por la reforma de un solo Artículo de la Constitución, el 157, porque si concentrada nuestra atención en uno solo podremos comprender mejor –como se debe– el alcance de la misma y, así, sin mayor esfuerzo –que reformado el Artículo 157, introducido el sistema de distritos electorales pequeños, tal y como lo hemos venimos propugnando:

(1) Cualquier persona que quiera ser candidato a diputado podrá serlo sin necesidad de que lo postule un partido político y se acaba con ello, en consecuencia, el monopolio que tienen los partidos.

(2) La campaña electoral se hace muchísimo más barata puesto que el candidato a diputado tendrá que dirigirse a un número pequeño de electores.

(3) Los distritos electorales, precisamente por ser pequeños, permitirán que los electores tengan la posibilidad de conocer muy bien a todos los candidatos y votar, así, con pleno conocimiento de causa.

(4) Los candidatos, a su vez, podrán conocer muy bien a sus electores y, así, sus intereses, principios y valores.

(5) El periodo del diputado es lo suficientemente corto –dos años– como para que este se dé el lujo de olvidar a sus electores y, en consecuencia, los intereses, principios y valores que debe defender.

(6) Si el diputado se comporta bien tendrá el premio de la reelección pero, si lo hace mal, el propio elector se encargará de echarle del Congreso.

(7) Serán muchos los diputados indígenas que lleguen al Congreso, ganadores en múltiples distritos.

(8) Los migrantes estarán representados porque habrá distritos electorales en el extranjero de tal forma que no solo puedan votar, sino tener sus propios diputados.

(9) Se acaba el gana pierde que impera en la actualidad ya que en cada distrito se elige un solo diputado y, en consecuencia, tan solo llega al Congreso el ganador.

(10) No se incrementa el número de diputados: 160 los distritos y, en consecuencia, 160 los diputados. (El número de diputados podría ser incluso menor, dependiendo de cuan pequeños queramos los distritos).

(11) Se pone punto final al listado nacional de diputados y quedan eliminados, además, todos los listados.

(12) El elector sabrá –finalmente– quién es su diputado y, en consecuencia, a quién exigirle y a quién pedirle cuentas de todo cuanto realice.

Hecha la reforma y electos los diputados por el sistema de distritos pequeños el Congreso será muy distinto –íntimamente ligados los diputados a sus electores– y, así, los electores nos sentiremos ­–y estaremos– en el Congreso, momento que será el propicio para reordenar el Estado: Decidir sobre el presupuesto, las leyes, la reordenación del sector justicia y de otros sectores así como lo referente a la elección de magistrados.

Reformar un solo artículo es algo que todos lo podemos comprender y que puede llevarnos a consenso.

¿Qué una golondrina no hace verano? Pues bien, tampoco llega verano alguno sin golondrinas precursoras.

Y así, ya no es una, ni dos, ni tres, sino muchas las golondrinas que empiezan a hacer verano en la materia.

Sin la reforma política –la primera que debe realizarse. Sin la reforma del Congreso de la República, reitero, todas las demás, salen sobrando ya que si llegaran a aceptarse por el pueblo –lo que dudo– no cambiarían absolutamente nada.

Si no se tiene el Congreso, nada se tiene.

(Continuará…)

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