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Opiniones de hoy

El lenguaje de las cartulinas

opinion

Nos atrasa con respecto al resto de la humanidad.

 

Los guatemaltecos dependemos de las cartulinas para expresarnos. Somos quizá el último país del mundo donde a los niños todavía se les enseña a utilizar la cartulina para exponer, lo que será buen negocio para los papeleros, pero nos atrasa con respecto al resto de la humanidad.

Escuelas públicas y colegios privados continúan educando con el mismo recurso. Algunos ya disponen de equipo sofisticado de proyección, pero no importa, hay que aprender a usar la cartulina. Los padres tienen que comprar infinidad de cartulinas, marcadores, goma para pegar recortes, y allí están ayudando a sus hijos en las obras de arte que se pegarán en las paredes del aula.

En una clase universitaria observé boquiabierto a mi estudiante cuando desenrolló la cartulina, la pegó con tape en la pantalla de proyección, y dictó su exposición. En el escritorio estaba su computadora fría como la piedra.

El ingreso al Ministerio de Salud es un monumento a nuestro amor por las cartulinas, porque los que están en huelga llenan el muro con sus frases coloridas. En una se lee: “Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir”. Me imagino que nos habla a nosotros, los ciudadanos sin culpa, pero por mi parte pueden soñar, aunque su amenaza en efecto no me dejará dormir. Otra cartulina expresa el resentimiento nacional: “Si los de abajo se mueven, los de arriba caen”, porque en este sube y baja, unos quieren bajar a otros para subir ellos, sabiendo que más tarde el efecto de repetirá por la simple ley de gravedad. Y como los huelguistas aprendieron en la primaria a usar la cartulina, se la ingenian para que rimen sus advertencias: “De norte a sur, de este a oeste, ganaremos la lucha cueste lo que cueste”, o el que nunca falta: “Adelante, adelante, que la lucha es constante”. También están las frases severas: “Mientras haya injusticia no habrá paz social”, pero lamentablemente uno pasa ante tantos carteles y no llega nunca a entender el motivo ni sus demandas, porque se les olvidó comunicar efectivamente el mensaje. Apenas están gruñendo, medio en serio y medio festivos.

En las famosas manifestaciones del 2015 en la plaza central, daba gusto ver a la gente llegar con sus cartulinas bien elaboradas o dibujándolas en ese momento a mano alzada, pintando ratas o insultos ingeniosos en las cartulinas que luego extendían hacia las cámaras.

Al menos hay que apreciar la educación de quienes habiendo pasado por la escuela, no andan destruyendo paredes con manchas que arruinan el paisaje. Pero ¿qué sucederá a los jóvenes cuando tengan que dar una charla en la vida real? Las cartulinas son un signo de nuestro atraso.

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