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Opiniones de hoy

Con el mar en la sonrisa

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A Juliana y Paulina que llevan el mar en la risa y en la fuerza de sus vidas.

 

¿Qué secretos tan hondos sobre la vida esconde el mar que como peregrinos vamos a su encuentro?, ¿qué misterios de nuestra especie y evolución esconden sus aguas que nadar en ellas es casi un rito o necesidad biológica?, ¿a qué razones orgánicas responde el hecho que los humanos nos sintamos atraídos y fascinados por las ballenas y por el canto de ellas?, ¿por qué compartir con las amigas la inmensidad del mar vuelve menos desmadrosa la existencia?

Vengo de recorrer una parte del mar de Cortés, de sentir hasta dolor en los huesos tras el encuentro frontal con el misterio y fuerza de la tierra. Vengo de encontrarme con las criaturas más inmensas y bellas sobre la faz de la tierra: las ballenas azules. Vengo también de aprehender cómo la amistad pone el corazón a bailar y venimos sobre todo de recordar nuestro pequeño y breve lugar en el cosmos frente a la inmensidad de los cetáceos.

Duermo con todo el mar entre mis ojos, no haya manera de mirar hacia otro lado. Sueño con esos seres gigantes que se hunden en la paz más transparente, en esas aguas azules y prístinas y siento que con las ballenas me pasa un poco como me pasa con las amigas del alma: con el simple hecho de saberlas vivas, respirando, haciendo lo que hacen, siento más amable y asumible la existencia.

Ahí en medio del frío de la noche estrellada en San Javier, después de caminar playas vírgenes, y de tocar una ballena gris, aprender de los modelos de turismo sostenible, intercambiar sobre los caminos de la vida, escuchar la risa de los niños, aprender sobre nosotras mismas, ir al encuentro de la ola más larga del mundo y, ahí, en medio de esa sierra que tanto nos regaló, acampando en las tiendas y buscando una linterna al filo de la noche gélida, tuve la sensación de que así como al salir de la carpa a medianoche y en la oscuridad a veces uno se desorienta, y regresas a la carpa para advertir que ahí están tus amigas, durmiendo, respirando plácidamente, flotando en paz como los delfines que viste y escuchaste hace un rato.

Cuarenta vueltas al sol cantando a la vida y a la risa son motivo de celebración, son motivo también de detenernos para agradecer el corazón latiendo. No sé qué efectos poderosos tiene la risa con las amigas, pero sé que a mí me ha sanado y me ha colocado en lugares desde donde la vida cobra nuevos colores y dimensiones.

Y aunque ciertos estudios han probado que la risa produce en nuestro cerebro un aumento en la concentración de los neurotransmisores relacionados con los circuitos fisiológicos del bienestar y que se segregan endorfinas con la risa, a mí la risa con las amigas me eleva más allá de cualquier tiempo y tedio, de cualquier mal día. Son el bálsamo para poder seguir latiendo.

Gracias a las amistades con las que a través de la risa nos sanamos y relajamos la columna vertebral y las cervicales, donde solemos acumular las tensiones. Las carcajadas hacen vibrar la cabeza, despejan la nariz y el oído y activan nuestras glándulas lagrimales. También  oxigenamos nuestros pulmones. Nos ayudan a estar más felices: activa el sistema neuroendocrino, que ayudan a un buen equilibrio psíquico. Provocan serenidad, reducen la ansiedad, el estrés y aumenta la creatividad.

En un mundo donde todo (o casi todo) parece cada vez más absurdo y deshumanizado, es la risa con los amigos la que nos devuelve nuestra esencia humana, es el hacer algo con y para los otros y para la conservación de la tierra y la mejora de las relaciones humanas, lo que nos pone en paz con nuestra existencia y la de todos los organismos vivos.

Todos buscamos la belleza, en nuestras relaciones, en la amistad, en nuestro trabajo, también en los encuentros y desencuentros, creo que donde encontramos la belleza más grande es en la risa compartida con quienes más queremos, agradezco a mis amigos por enseñarme el valor de la risa, que crea una complicidad atemporal y conecta con las constelaciones de la infancia.

Un abril nuevo nos despierta, y ahí, en medio de todo el absurdo que puede producir un mundo como el nuestro, ahí están ellas: Juliana y Paulina riendo desde atrás, buscando e inventando formas para hacer desaparecer el plástico de los océanos, imaginando otras formas de relacionarnos con los animales y entre los seres humanos, para hacer del mundo un lugar más amable y más habitable. Agradezco sus vidas y el camino recorrido. A ellas, y a todos los que leen esto: que todos los mares les sean navegables y también los desmadres, sin los que la vida no sería la vida.

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