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Opiniones de hoy

Los sindicatos en el Estado…

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Nocivos por principio, cuando se pierde su principal finalidad en el balance de la justicia…

El sindicato surgió por la explotación del patrono con sus empleados. La explotación del patrono con su poder y posición, para aprovecharse de los subordinados, obligó a grupos con carácter y liderazgo a sublevarse e iniciar un movimiento de rebelión y revolución dentro de las organizaciones. A nivel de Estado, por la ley y características de la burocracia, se llegó a Institucionalizar y a volverse un ente con gran poder político y económico.

También a nivel Corporativo y de grandes Empresas, los sindicatos han tomado una posición fuerte e influyente a nivel político y de la economía sectorial de mercado. Se han vivido experiencias sangrientas en ese camino desde que dieron inicio los sindicatos hasta el desarrollo mismo de la gestión Empresarial y su injerencia en la toma de decisiones.

Desafortunadamente, grupos relacionados con el crimen organizado, forman el núcleo de las organizaciones y gremio Sindical. De esta situación y de un análisis profundo, podemos emitir una opinión en referencia al impacto que los sindicatos han tenido en el transcurso del tiempo en el desarrollo del sector Empresarial y productivo de los países.

En el Estado y las diferentes dependencias y Ministerios, el Sindicato ha tomado una posición aún más emblemática y poderosa a nivel político e Institucional. Salarios hiperinflados de trabajadores del Congreso, Líderes Sindicales de Trabajadores del Estado, es el ejemplo claro de la tergiversación de su finalidad, se vuelven grupos de poder con abuso. En pocas palabras, grupos de delincuentes que solo velan por sus intereses.

En antaño las reivindicaciones de los trabajadores frente a sus patronos tuvieron razones justas, en las fábricas se explotaba a la gente. La tolerancia de todo ser humano tiene límites, y cuando la vida se reduce a trabajar para subsistir, tarde o temprano la gente explota y se rebela.

La libertad sindical, la negociación colectiva con el patrono y el derecho de estallar la huelga, todas ellas podrán ser herramientas aplicables a la empresa privada, pero no al Estado. La huelga es una forma de coacción que tienen los trabajadores reunidos en sindicato (porque la unión hace la fuerza) para mejorar sus condiciones de trabajo frente al Patrono, y la lógica de su efectividad es una muy sencilla: Si el patrono no tiene mano de obra, no produce; si no produce, quiebra; si quiebra, no tiene qué comer.

El empresario sabe muy bien que los sindicatos tienen el poder de lastimar lo que más cuidan, el bolsillo, y por lo tanto evitan el descontento de sus empleados. El empresario no puede ceder a todas las peticiones de los trabajadores porque si los salarios y bonos aumentan de manera desproporcionada, está en riesgo de ir a la quiebra. El equilibrio entre patronos y trabajadores debe ir pues, en relación con la productividad de la Empresa.

En el Estado las cosas no funcionan así. Frente a los sindicatos públicos el patrono no pone en riesgo su patrimonio, porque las “conquistas” de los pactos colectivos, como el aumento anual del salario, salen del erario público no de su bolsillo. Y como los sindicatos forman un grupo de presión considerable y el patrono es un político, no un empresario, la lógica funciona de manera perversa: Si el patrono no accede las peticiones del sindicato, los trabajadores se enojarán con él; si los trabajadores están enojados, perderá votos él o el partido que lo nombró; si pierde votos, se queda sin trabajo, lo mismo sucede con la huelga. El resultado de todos estos incentivos perversos es inevitablemente la proliferación de pactos colectivos desmesurados.

Pero permitir los sindicatos y la huelga en el Estado entraña un problema mayor. Por un lado, la filosofía detrás de la huelga es la posibilidad del cese total de actividades productivas. Por el otro, la filosofía de la existencia del Estado es el monopolio de la fuerza. La Policía y los tribunales son servicios tan importantes y tan delicados que solo los puede otorgar un proveedor, de haber un cese total en sus actividades por huelga, el ciudadano se quedaría sin seguridad y sin justicia.

Solucionar el problema implica una decisión radical: Prohibir los sindicatos en el Estado.

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