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Opiniones de hoy

No queremos una sociedad del “sálvese quien pueda”

opinion

La receta neoliberal a los problemas es siempre la misma: reducir el Estado.

Ante la horrenda muerte de cuarenta adolescentes que estaban al cuidado del Estado de Guatemala, muchos cuestionan la intervención del mismo en temas como la protección de menores vulnerables. Algunos han comentado que el Estado no es “un papá” o “una mamá” que nos resuelve los problemas; o bien que es equivocado trasladarle estas funciones debido a que ello solamente redundará en darle más poder.

Esta manera de ver las cosas es producto de un mal formado e ingenuo pensamiento neoliberal que ha venido trasladándose a la población guatemalteca de una persistente y estructurada manera. Y muchos lo van incorporando de manera simplista y sin cuestionamientos. Desacostumbrados a la organización social, están listos y predispuestos a desconfiar de un Estado que nunca trabajó por el bien común, que siempre fue represivo y del cual no hemos recibido ningún acto virtuoso. Sin embargo, ¿es ese un análisis correcto de la realidad?

La sobrevivencia humana tiene un doble aspecto: la iniciativa individual que necesita de diversas libertades para florecer y la solidaridad de la vida colectiva que nos habilita para resolver problemas que nos afectan a todos y que necesitan de una organización y una estructura desinteresadas, dedicadas específicamente a la realización del bien común. El poder público se justifica precisamente porque sirve para articular esta vida colectiva. El problema que nos aqueja en estos días no está centrado en la pregunta estúpida de si el Estado debería o no tener sistemas de protección a la niñez y la juventud. El problema es cómo hacemos para que el poder público sea utilizado en beneficio colectivo.

En las sociedades que han logrado construir estructuras estatales eficientes, un elemento esencial es la rendición de cuentas. Los funcionarios públicos son responsables por sus acciones en ejercicio del poder público. Un policía, por ejemplo, ejerce el poder público de una manera muy directa. Sin embargo, si utiliza este poder con abuso de los ciudadanos, debe ser responsable frente a la sociedad.

Por cualquier lado que se mire, la administración de la Secretaría de Bienestar Social y de los hogares para niños y jóvenes son un claro ejemplo del mal uso del poder público. Y no se trata de eliminar esta opción. Eso nos llevaría a convertirnos en una sociedad de sálvese quien pueda. Lo que corresponde es educar a la clase política y a los funcionarios públicos en un tema fundamental: ejercer el poder público implica responsabilidades. Y nosotros, el colectivo social, debemos exigir que estas responsabilidades sean deducidas a todos los implicados: a los policías que estuvieron a cargo de la emergencia, a los monitores que estaban presentes en el lugar, a las autoridades inmediatas y hasta el propio Presidente de la República.

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