[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

El Estado que colapsa en la tragedia

opinion

“Perder la esperanza no es una opción”. Bernie Sanders.

 

Algunos expresan que tenemos un Estado fallido porque no da respuesta a las demandas apremiantes de la sociedad, según lo dejó ver el Procurador de Derechos Humanos hace unos días. Desde 1950 hasta el final de la Guerra Fría nuestro Estado fue golpeado por la tensión Moscú/Washington. No fue un Estado para resolver problemas sociales –salvo de 1976 a 1978– sino lo justificó su anticomunismo que miraba rojos por todos lados a exterminar. Eso cambió con el fin de la Guerra Fría y los Acuerdos de Paz de 1996. Pero en lugar de resolver los problemas allí expresados, las partes firmantes se acomodaron y vieron sus propios intereses. Cada quien por su lado: la élite, el Ejército, los exinsurgentes, con sus partidos para repartirse sus ganancias, mientras las realidades del narcotráfico y la corrupción comenzaron a verse como naturales. Pero fue carcomiendo la institucionalidad, al tiempo que resurgió con fuerza la violencia criminal no solo entre las bandas de narcos que lucharon por controlar el territorio nacional sino al competir por una porción sobre el Ejecutivo, el Congreso, el Organismo Judicial. Esa conjunción de intereses –ajenos a la sociedad– fueron royendo por dentro la institucionalidad, aunque por fuera el Estado parecía normal.

Empero, ante el escándalo de la muerte de parlamentarios salvadoreños al Parlacen, que involucró a personeros de la Policía, el presidente Berger tuvo la valentía de solicitar la creación de la CICIG a la ONU, pues reconoció una debilidad del Estado. La comunidad internacional de inmediato apoyó tal idea para reducir los poderes fácticos que traspasaban la esfera misma del Estado. O, peor aún, que estaban enquistados en las fuerzas mismas de seguridad. La presencia internacional y la ONU era parte normal de nuestra realidad desde los noventa. La CICIG debía comenzar a limpiar ese cáncer. Entretanto, el Estado perdía territorialidad ante las bandas de narcotraficantes mientras el alto mando militar vendía armas a traficantes internacionales de armas y la Policía era nido de corrupción, como en aduanas y migración. El Estado ante los problemas de la sociedad fue vaciándose de contenido porque la clase política entró en una espiral de corrupción sin precedentes y a toda escala desde el gobierno de Colom en adelante. La gobernabilidad palideció ante los contratos y licitaciones solo en atención a la corrupción, mientras la burocracia perdió funcionalidad por llenarse de incompetentes venidos del amiguismo y el nepotismo y más en el apetecido servicio exterior. Lo mismo en el Congreso y las Cortes. Sin gobernabilidad las obligaciones de la Constitución fueron papel. El Ejecutivo se tornó incapaz de realizar sus funciones, de soberanía territorial, sin dar seguridad ni servicios básicos. Sus entes se volvieron irrelevantes, podridos por dentro, tramitadores. Los sesenta mil millones de quetzales al año del presupuesto en promedio se destinaban a una masa de funcionarios y burócratas beneficiados por la clase política y el Ejército sin que cumplieran sus funciones para los distintos sectores como exige una comunidad política. Las obras públicas se las llevaba la corrupción. Se perdió el monopolio del uso legítimo de la fuerza, pues casi todo el país se llenó de bandas armadas. Ahí la ineficacia gubernamental sin objetivos, el soberano excluido, negado, saqueado por la clase política que responde a generales, a magnates, a narcos, la sociedad general excluida.

Si bien es Estado fallido es un concepto impreciso creado por la CIA, lo cierto es que tenemos un Estado colapsado, que no cumple sus funciones ni asegura nuestras vidas. La sociedad pide a la clase política el cese del antejuicio, de los amparos y aprueben las reformas constitucionales.

Si en la transición democrática faltó el acuerdo de las elites para la gobernabilidad en 1985 y 1996, como recordó Manuel Villacorta, debería hacerlo en silencio y ya, y luego comprometerse con la sociedad civil a congelar las cuentas bancarias de la clase política y a poner nuevos funcionarios, porque el Estado va sin rumbo con un gobierno descerebrado de cómicos que nos enluta con una tragedia nacional.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Cindy Espina
Violencia en zona 1: asesinan a vendedor de frutas

Vecinos de la zona 1 han reportado aumento de hechos violentos, como asaltos y ataques armados, en avenidas concurridos de esa área de la ciudad de Guatemala.

noticia
Shakira se suma a creciente lista de artistas que venden su catálogo musical
noticia Redacción
Artistas retratan toma del Capitolio de E.UU con caricaturas


Más en esta sección

Detienen a alcalde de Ocós, San Marcos Carlos Danilo Preciado Navarijo en Panamá

otras-noticias

El pasado lucha por sobrevivir en Caral

otras-noticias

Las nuevas medidas serán supervisar la capacidad de personas en espacios públicos

otras-noticias

Publicidad