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Opiniones de hoy

Picasso en mi tierra

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El Guernica apunta Grass, regresó a España después de la muerte de Franco.

Promediaba el año de 1958, cuando al descender del tren en la Estación Central me encontré asustado y temeroso con Nueva York, un monstruo de cemento, hierro y vidrio que, me di cuenta después que respiraba a través de un solitario y verde pulmón: el Parque Central, custodiado por tres monumentales estatuas: Simón Bolívar, José de San Martín y el Apóstol José Martí. Ya instalado en un cuartucho de una sola cama en el Hospital Monte Sinaí, empecé a recorrer calles y avenidas de Manhattan, encontrando que la ciudad no solo estaba formada por adefesios de muchos pisos, sino que también existían teatros, salas de conciertos, y museos: el Metropolitan Opera House en donde Victoria de los Ángeles cantaba como los ángeles en el papel de Mimí en La Bohemia; la sala de conciertos en donde Leonard Bernstein dirigía magistralmente la Sinfonía Titán de Mahler; los teatros de Greenwich Village, y los museos Guggenheim, Metropolitano y de Arte Moderno.

Era 26 de abril cuando con Daniel –el neurocirujano mexicano– observamos en una sala del Museo de Arte Moderno, un cuadro inmenso pintado en gris, blanco y negro por Pablo Ruiz Picasso. Admiramos entonces y nos consternamos ante la pintura del genio que muestra todo el horror, el pavor y el terror de una ciudad bombardeada con impunidad, nocturnidad y severidad por la aviación alemana durante el año trágico de 1937. Poco a poco fue aflorando la tragedia: las mujeres, una que grita denunciando, la otra que huye despavorida; un sol que observa la masacre; el caballo ingenuo y herido; el toro y la paloma reprimida; la madre arrullando al hijo muerto; soldados agobiados, intentando defender a la República; una casa en llamas que no es otra que España ardiendo y por último, un quinqué iluminando la tragedia para que la observara el mundo.

Ya en la tierra perdí de vista al exiliado Guernica de Picasso, hasta que leí un artículo de Günter Grass sobre el cuadro famoso en el que relataba con pelos y señales, el bombardeo inmisericorde de los aviones Heinkel que por toda una tarde y parte de la noche, arrojaron bombas de más de 500 kilos sobre la indefensa ciudad vasca. El Guernica apunta Grass, regresó a España después de la muerte de Franco y en 1992 fue instalado a pocos metros del museo del Prado en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía, protegido por las pinturas dramáticas y reveladoras del genio sordo de don Francisco de Goya y Lucientes.

Creí que no iba a volver a ver el Guernica de Picasso; para mi sorpresa, en esta patria y en los albores de este siglo XXI ha resurgido en todo su dramatismo la pintura completa de Don Pablo: la dos mujeres gritando su tragedia y huyendo de la muerte; el caballo famélico que apenas relincha; la madre besando al hijo muerto; la paloma desplumada que no logra alzar el vuelo; y un rancho ardiendo que no es otro que mi patria en llamas.

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