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Opiniones de hoy

La patraña en aquella desconcertante reunión de gabinete

opinion

Hasta embrocaron a la inteligencia militar.

La patraña que el Presidente de la República quería que el gabinete de Gobierno se tragara, bajo la umbrella de la inteligencia militar, era inmasticable, intragable, indigerible; a todas luces, indigesta. Veamos los hechos.

Para la reunión de gabinete, empleados de la Casa Presidencial colocaban las mesas formando una gran herradura, cerrando la figura aquella en donde se acomodaba el señor Presidente. Los miembros del gabinete nos reunimos esa mañana alrededor de aquella gran herradura, en el Salón de los Espejos, que da a la sexta avenida, en el ala sur de la Casa Presidencial. Las paredes son de madera tallada de conacaste; y decoran el ambiente espejos con marcos dorados, de donde el recinto toma el nombre.

En la reunión, el presidente Jorge Serrano Elías espetó que la prensa había sido infiltrada por el narcotráfico (¡así de grueso como lo oye!), de lo cual daría explicaciones el director de la inteligencia militar, Otto Pérez Molina, quien pasó a dar su pobre narrativa. Las pruebas no eran más que un pequeño y no destacado reportaje, publicado por la revista Crónica, y una noticia del diario Siglo XXI, que en ese entonces era un medio independiente y combativo.

El reportaje de Crónica, que se refería a lo que la población Zacapa decía de su exalcalde, Arnoldo Vargas, extraditado a los Estados Unidos por narcotráfico, no le hacía el juego a nadie, a no ser que uno quisiera ver micos aparejados. De publicar algunas declaraciones de la población que revelaban que Vargas era recordado en Zacapa, a venderse a los narcos, hay un trecho mayor que de aquí al fin del mundo. Yo me quedé de una pieza. ¡No lo podía creer! Era un insulto a la inteligencia en plena Casa Presidencial.

Crónica era dirigida por todo un caballero, Francisco Pérez de Antón, que de ninguna manera hubiera vendido su primogenitura (intelectual, ética, literaria, filosófica) por un plato de lentejas. Aquello era una vulgar patraña.

Luego, Pérez Molina enfiló sus baterías en contra el diario Siglo XXI, por alguna noticia que había publicado que supuestamente le hacía la barba al narcotráfico. Pero yo pensé que era algo imposible porque conocía bien a los colegas de ese diario, el cual unas semanas antes había incluido un suplemento, describiendo las estructuras del narcotráfico, lo cual había un reportaje valiente, que hasta podía haberle costado el pellejo a algún periodista de ese medio.

Pérez Molina solo se limitó a decir lo que el Presidente quería oír; y en descargo de aquel digo que el que es mandado no es culpado. ¡El Presidente embrocó a la inteligencia militar! Yo pensé que los miembros de gabinete íbamos a oír grabaciones telefónicas hechas a los periodistas (supongo que las hacían y las hacen) o captura ilegal de mensajes, o algo consistente, pero no una explicación extrapolada de publicaciones periodísticas más allá de toda lógica. Por lo demás, concluir con base a ese reportaje y a una noticia malinterpretadas que “la prensa había sido infiltrada por el narcotráfico” era como saltar desde un trampolín a una piscina sin agua. En el Gobierno, nunca se dijo una palabra más de esa “infiltración” del narcotráfico en la prensa, pues no existía.

Con Jorge Serrano he discrepado sobre el papel de la prensa en una sociedad libre y democrática, lo cual no me inmuta porque me gusta la pluralidad de opiniones. Amicus Georgius, sed magis amica veritas. Todo esto viene de un recuerdo personal generado por lo escrito por Chepe Zamora el pasado 10 de enero, cuyo texto confirmo y amplío con la visión del otro lado del mostrador.

En realidad, Serrano como Jimmy, y todos los presidentes del mundo, aprecian y elogian a la prensa en la campaña electoral, pero la detestan ya en el Gobierno. Thomas Jefferson (padre de la Patria y Presidente de los Estados Unidos) se preguntó si ¿acaso no es cierto que el hombre que no teme a las verdades, nada debe temer tampoco a las mentiras? (En realidad, los políticos temen a las verdades y temen a las mentiras). Este prócer norteamericano, que escribió que prefería una prensa sin gobierno a un gobierno sin prensa, luego se desdijo parcialmente cuando señaló que el hombre que nunca mira un periódico está mejor informado que el que lee la prensa. ¡Y qué decir ahora de la redes sociales!

Al final, yo prefiero quedarme con lo escrito por un apreciado catedrático mío de periodismo en la Universidad de Navarra, José Luis Martínez Albertos que, desarrollando una frase conocida, decía: “¡Publica y que te maldigan!: he aquí un lema para el buen periodismo de todas las épocas”. ¡Así es, maestro!   

gasturiasm@gmail.com

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