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Opiniones de hoy

Enfoque: Acuerdos de Paz sin “desconocidos”

opinion

La única vez que su contenido fue sometido a consulta popular, se perdió en las urnas.

 

Este jueves 29 de diciembre es el vigésimo aniversario de la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera que cerró un ciclo de prolongadas negociaciones –primero a nivel internacional y luego entre el Gobierno y la guerrilla, con participación parcial de otros sectores– y puso fin a 36 años de conflicto armado (1960-1996).

Enmarcada dentro de la guerra fría entre comunismo y capitalismo, aquella guerra interna desangró terriblemente al país; se caracterizó por violaciones a los derechos humanos, tanto de parte del Ejército como de las organizaciones revolucionarias; nos polarizó ideológicamente como sociedad y dejó en el país una huella que no se ha borrado con el paso del tiempo.

Las nuevas generaciones poco o nada saben sobre esa guerra, que se vivió con más intensidad en el interior. La prensa, incluso, informaba poco sobre ella, y debemos reconocer que por ese silencio –muchas veces provocado por el temor a la represión y otras respondiendo a una política de silencio–, las violaciones a los derechos humanos fueron más brutales. La falta de información creó un marco adecuado para que se cometieran las atrocidades de las que ahora se sabe más.

El proceso de paz no fue obra de un solo gobierno. De hecho, los esfuerzos por pacificar la región centroamericana –había conflictos armados en Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras– se iniciaron por iniciativa de países amigos integrados en lo que se llamó el Grupo Contadora, por haber sido firmados en esa isla panameña.

Luego los primeros contactos encaminados a iniciar el diálogo y la negociación se hicieron durante el gobierno del presidente Vinicio Cerezo, pero no se iniciaron formalmente sino hasta el gobierno posterior, el de Jorge Serrano, se intensificaron con Ramiro de León Carpio y concluyeron durante la gestión de Álvaro Arzú.

En total se firmaron 13 acuerdos y en ellos se contempla el compromiso de promover, al menos, 12 reformas constitucionales. Los periodistas, que teníamos que seguir de cerca las negociaciones, fuimos comprobando paso a paso los avances de las conversaciones, como también veíamos que la mayoría de la población desconocía el alcance de lo que se estaba firmando.

Cuando el gobierno de Arzú intentó cumplir con lo acordado –someter a consulta popular las reformas–, el oficialista PAN introdujo varios cambios más. Creo que se llegó a 51 en total, lo que, sumado al desconocimiento de los acuerdos, aumentaba la confusión entre una población que reaccionó de dos maneras tajantes: a) poco interés –la participación en el referéndum no alcanzó ni el 20 por ciento– y; b) votó mayoritariamente por el NO, perdiendo así la posibilidad de que se cumpliera lo acordado entre las partes. Algo parecido a lo que sucedió recientemente en Colombia, aunque allá la votación fue inmediata después de la firma de la paz.

Aquellos 12 acuerdos eran poco conocidos y lo siguen siendo. Yo diría que su desconocimiento es mayor con el paso del tiempo, sobre todo, porque la mayoría de jóvenes ni siquiera sabe de su existencia.

Importante, eso sí, que pusieron fin a la guerra. Eso permitió que el Ejército entrara en una etapa de reconversión, que las violaciones a los derechos humanos no fueran ya parte de una política de Estado o de la guerrilla y dejaran de ser tabú para la prensa. Lamentablemente el Estado no cambió, la clase política, tampoco y la sociedad ha seguido con la polarización ideológica… aunque en este sentido se vivió un tiempo de distensión, pero la confrontación parece querer volver.

Han pasado 20 años. Como todas las guerras, tuvo pasajes muy oscuros. El país ha cambiado, pero no tanto por los acuerdos en sí, sino porque ya no hay guerra y, ¡a pesar de los políticos!, las cosas han mejorado en muchos sentidos, pero debemos reconocer que falta mucho camino para lograr una Guatemala diferente, más equitativa, justa y con oportunidades.

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