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Opiniones de hoy

Ontología constitucional (I)

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En el caso de la Constitución de Guatemala, el fundamento de la misma radica en su parte dogmática.

En los momentos que actualmente vive la República de Guatemala –uso la palabra “República”, no solamente porque está consignada en nuestra Constitución, entre otros, en el Artículo 118 de la misma, en el que se menciona en su parte conducente que el Régimen Económico y Social de la “República” de Guatemala se funda en principios de justicia social, sino también en atención a los artículos que en forma regular ha venido publicando el doctor Armando de la Torre, en varias entregas sucesivas a elPeriódico, en las cuales ha elaborado una hoja de ruta de la cronología del concepto, que ha permitido aclarar muchas ideas que el lector pensante e interesado en la “cosa pública” (res pública-república) del país, lo han venido inquietando, sobre todo en la actual coyuntura de reformas constitucionales que se están discutiendo en el Congreso de la “República”– que ameritan pensar en la “esencia” de una Constitución.

El presente artículo tiene la ambición de tratar de explicar esa esencia de la forma más sencilla posible, con las limitaciones que impone para su sencillez, la profundidad del concepto.

Para comenzar es importante entender que la palabra “esencia” significa “lo que una cosa es, lo permanente e invariable en ella”, como dice el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española en su página 677.

En ese orden de ideas, la esencia de una Constitución radica en lo permanente e invariable que debe haber en ella, y que por lo tanto no puede cambiarse, porque constituye su “fundamento”, es decir, la fuerza indeclinable de su razón de ser, que por esa sola razón adquiere carácter de supra ley, de ahí su necesidad que la misma esté compuesta por normas generales, abstractas e indeterminadas, sin destinatarios específicos y sin privilegios de ninguna naturaleza.

Esa fuerza indeclinable, como dice Ferdinand Lasalle, en su obra titulada ¿Qué es una Constitución? menciona que si una Constitución amerita llamarse “fundamental”, “deberá informar y engendrar las demás leyes ordinarias fundadas en ella. La ley fundamental, para serlo, había pues, de actuar e irradiar las demás leyes del país” Op. cit. p.39.

En el caso de la Constitución de Guatemala, el fundamento de la misma radica en su parte dogmática, es decir, en el reconocimiento de los Derechos Humanos, que son los contenidos en los Artículos del uno al cuarenta y seis de la Carta Magna, de los cuales se derivan los derechos sociales, de la misma jerarquía constitucional, constituyentes de una especie de Derecho Positivo integrado en el propio texto constitucional, sin que por eso pierdan su carácter fundamental, tal el caso del Artículo 66 que reconoce el pluralismo étnico y reconoce y respeta sus formas de vida, costumbres, tradiciones, formas de organización social, el uso del traje indígena en hombres y mujeres, idiomas y dialectos. Hay en los derechos sociales, un eco de los Derechos Humanos Individuales, basados en el Derecho Natural, esencia ontológica de la Constitución que reconoce y respeta los mismos de manera inequívoca en el reconocimiento del principio de subsidiariedad claramente mencionado en los Artículos primero y segundo de la Carta Magna, en los cuales se consigna, respectivamente, que el Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia, siendo su fin supremo la realización del bien común, y que es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona.

En otras palabras, el Estado es para la persona y no la persona para el Estado. En ese orden de ideas, que es una respuesta al Iusnaturalismo de nuestra Constitución, el Derecho Natural juega un papel de primera importancia, porque está fundamentado en una naturaleza humana que es la misma en todos los hombres, o en palabras de Jacques Maritain: “… hay, en virtud misma de la naturaleza humana un orden o una disposición que la razón humana puede descubrir y según la cual la voluntad humana debe actuar para ajustarse a los fines necesarios del ser humano. La ley natural no es otra cosa que esto”. Los Derechos del Hombre, Cristianismo y Democracia. P.55. Biblioteca Palabra.

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