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Opiniones de hoy

Juan Ramón Jiménez más que “Platero y yo”

opinion

“Mi vida canta igual que un parque que ha callado / sin pájaros, en la noche”.

 

Juan Ramón nació en Moguer de Palos en 1881. Vivió la debacle española de 1898 cuando cuando se desplomó la economía. El señorito escribía poesía desde temprana edad en el melancólico Moguer, pueblo que inmortalizó con su obra Platero y yo, el burro blanco que fue su mejor amigo de infancia: “Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera / Que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. / Solo los espejos azabache de sus ojos son duros cual escarabajos de cristal negro”. Cuando visité Moguer hace poco, descubrí que todo lo dicho por Juan Ramón de su casa está allí. Desde su terraza se contemplan las playas arenadas de un río que da al mar, donde se construyó la Niña que llevó a Colón a su largo viaje siglos atrás con la Pinta y la Santa María. Los detalles que lo atrajeron siguen allí, las mesas de mármol, los armarios, las fotos de familiares. Pude comprobar que Moguer en otoño es fresco y sus calles con naranjos son de encanto y las casas de dos pisos de tan bien pintadas que se dirían nuevas. Tenía trece años cuando leí Platero y yo. Su famoso libro lo editó en otoño de 1914. Ese otoño escribió: “Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas y los labradores madrugan más que él… ¡Cómo sopla el Norte!… El arado va, como una tosca arma de guerra, a la labor alegre de la paz”

Platero me ató a su prosa poética a mis quince años. El burrito escuchaba las anécdotas de su amo que admiraba todo su amado Moguer.

También los sustos que allí le sucedieron al lado de Platero como cuando se apareció en trote el burro viejo y negro que espantó a todos al correr de pronto como loco despistado, a trote violento yendo y viendo sin detenerse… Qué escalofrío “¿No lo reconoces Platero?”

Debajo de su casa miré el aljibe cuya agua parecía cubierta de magia: “Míralo, está lleno de lluvias, Platero. No tiene eco… Todo el pueblo está socavado por aljibes y galerías”. Así de previsora era Moguer guardando agua como oro. Escribió luego La piedra y el cielo.

Cree en la belleza, lee mucho a Darío y Bécquer. El nicaragüense influyó en todos, como sucedió con Antonio Machado y los de su generación. Luego de la Gran Guerra, Jiménez dejó el ropaje modernista. Hizo traducciones de obras inglesas al español (Yeats, Bake, Shelley) y fue nueva vid. Su esposa Zenobia Camprubí le hizo avanzar más lejos al darle a leer a Omar Khayyam y al involucrarlo con Machado y la casta literaria de España de la época para transformar la lengua. Tiene contactos con editoriales estadounidenses que se especializan en literatura infantil. Allí va Platero y yo. La poesía es una vía para el conocimiento. Fue hacia la sublimación poética de “ultratierra” y del Todo. Así dejó de ser parte de la generación del 98 y surgió la del 14, más metódica y racional, orientados por el gran filósofo Ortega y Gasset, en una década donde el credo huidobriano se extendió en Hispanoamérica. Viene el arte puro signado por la forma, pura creación verbal En 1936 apoya como intelectual a la república de manera total en la guerra civil española. El dolor de la sangre lo hizo dejar de escribir un par de años. Se va al exilio. Se refugia en Puerto Rico crisol de hispanidad.

Qué flores esas que gustaban a Platero. Qué lunas, qué soles, qué vendimias, qué patos, qué alegrías. Qué pastores, qué castillos, qué sustos, qué caminos y rebuznos de Platero. “Y, gracias a Dios, él tiene una cuadra tibia y blanda como una cuna como mi pensamiento” “Yo les traigo a Platero, y se lo doy, para que jueguen con él”. Cuando el burrito blanco murió por comer mala hierba, atragantado aún, Juan Ramón con angustia le gritó “Platero, tú nos ves, ¿verdad? ¡Arre, Platero!”

Juan Ramón escribió luego de la mejor poesía española de su época, profunda en Animal de fondo, Dios deseado y deseante. Ganó el Premio Nobel en 1956 y tres días después de su aviso murió su esposa. El rector de la universidad de Puerto Rico aceptó el premio porque el vate enfermó ante esa pérdida. No se recuperó y murió. Ya Platero le había oído decir a su amo: “Te llevaré Moguer a todos los lugares y a todos los tiempos, serás por mí, pobre pueblo mío… inmortal”. Un pueblo con alma de pan, como solía decir.

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