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Opiniones de hoy

Casa llena

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El mejor obsequio de Navidad.

 

El miércoles, mientras escribía esta columna me hizo pleno sentido un mensaje que recibí de la Universidad de Notre Dame, el cual resaltaba que en esa fecha celebrábamos el 25 día del Adviento, que coincidía, además, con ser el solsticio de invierno, el día más corto del año. Por ello, en el texto se reflexionaba que se trataba del momento ideal para apreciar el regalo de la luz e invitaban a compartir la velada con familiares y amigos. Simbólicamente, indicaba, esto es una forma de agradecer al Señor por ser el Príncipe de la Paz y la luz del mundo. Un día propicio para abrir nuestros corazones a Cristo y darle de nuevo la bienvenida a nuestra familia. Pedirle que nos bendiga y que traiga luz a nuestros hogares, que la felicidad de la Navidad siempre reine en ellos. El Adviento es un período marcado por la oración y la esperanza, un tiempo de arrepentimiento, de perdón y de alegría. Pensé que no podría estar escribiendo la columna en un mejor momento, pues contar con la presencia de todos nuestros seres queridos en casa era el mejor regalo de luz que podríamos haber recibido.

¡Vaya que sí! ¡No podría haber mejor regalo de Navidad! Hace rato que no teníamos la casa llena. Tener de nuevo a todos reunidos en nuestro hogar, compartiendo la temporada de fin de año, nos trajo una inmensa felicidad. Todo luce mejor. Hasta la comida sabe distinto. Sentirlos cerca es suficiente. No se necesitan cosas, ni otros regalos, ni nada más. Nos despertamos cada mañana con una ilusión renovada. Quienes tienen a un ser querido viviendo lejos entenderán con facilidad a lo que me refiero. También comprenderán la ansiedad que genera ese compás de espera en el aeropuerto La Aurora y el golpe de adrenalina al ver salir a quien uno llegó a recibir. Tampoco se necesita explicarles la nostalgia que conlleva cuando esa o esas personas no pueden viajar en esta época o cuando deben estar lejos muchos meses. Pese a las facilidades de comunicación que brinda la tecnología moderna, la separación física se hace sentir con fuerza, pues los teléfonos inteligentes no curan la tristeza de saberlos lejos, ni permiten estrujarlos cuando uno lo necesita. Su llegada a Guatemala para las fiestas nos devuelve una paz y armonía singulares. Es como si los engranajes de la máquina finalmente caminaran del todo bien y solo hicieran los ruidos usuales. Cosas sencillas como ir al supermercado acompañado, cocinar juntos, chinchinear a los perritos, jugar un videojuego, ir por un helado o ver una película cobran el sabor de algo extraordinario, largamente añorado. Hacía falta oír la bulla del ausente, que completa la sintonía del resto. Esa imagen de los dos patojos, sentados abrazados en el sofá mientras platican sus cosas, es una memoria para guardar y atesorar por mucho tiempo. Nuestros corazones están llenos de alegría y vivimos una calma que no experimentábamos hace rato. Por más que el ciclo natural de las cosas llame a que el nido quede vacío, la ausencia de uno de los integrantes de la familia siempre causa desasosiego. Las oportunidades de estudio y trabajo los han llevado lejos, lo que ha provocado que hayamos tenido que contar con los dedos los días en que los cuatro hemos estado juntos desde buen tiempo. Damos Gracias a Dios por las opciones que se han abierto para los patojos y que ellos han sabido aprovechar. Hemos sido testigos de su proceso de maduración, hasta convertirse en un hombre y una mujer hechos y derechos, seguros de sí mismos, de convicciones y valores bien cimentados. Los hemos visto crecer y desenvolverse por sí mismos con soltura, seguridad y competencia. No podríamos ser papás más orgullosos.

Muchas otras familias no gozarán la alegría que nosotros tenemos en estas fechas y sentirán la falta de alguno de sus seres queridos. Espero que este fin de semana, mientras celebramos la Nochebuena y la Navidad, puedan encontrar paz en su interior. Algunas otras, a pesar de tenerlos cerca para las fiestas, estaremos anticipándonos a su incipiente partida. Sin embargo, no dejemos que nada de ello empañe esta celebración. Agradezcamos el regalo de luz que hemos recibido. El hecho de que ellos sean parte de nuestras vidas es el principal obsequio. En nuestras plegarias no dejemos de dar gracias a Dios por la bendición que ellos representan en nuestras vidas y pidamos a la Virgen que cuide a quienes amamos y que siempre los guarde en su regazo. En esta época de vigilia y reflexión, deseo a todos ustedes que la paz, la tranquilidad y la alegría reinen en sus hogares. ¡Feliz Navidad!

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