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Opiniones de hoy

¿Por qué tergiversar la historia?

opinion

Todo cuanto no sea sustentado en la verdad, tarde o temprano, se desmorona.

No es cierto que el expresidente Jorge Serrano Elías haya renunciado y, menos aún, que lo hubiere hecho el ex vicepresidente Gustavo Espina Salguero, ficción esta, que nos ha hecho mucho daño.

El expresidente Serrano emitió un acuerdo gubernativo que disponía  la disolución del Congreso de la República y la remoción de los Magistrados que integraban la Corte Suprema de Justicia así como  la del Procurador General de la Nación y Jefe del Ministerio Público y la del Procurador de los Derechos Humanos.

El mamotreto jurídico constituía, un golpe de Estado y no un “autogolpe” como absurdamente se le ha llamado ya que no estaba dirigido contra sí mismo –poder Ejecutivo– sino contra los otros poderes del Estado.

Constituía el Acuerdo un acto en contra de la Constitución y debió perseguirse como tal –delito penado por la ley– dando lugar a la inmediata detención del mandatario –dada su flagrancia– la suspensión  en el ejercicio de su  cargo y –si condenado, tras el debido proceso, a su destitución.

En vez de seguirse el camino de la ley, se puso al presidente en un avión y se le sacó del país lo cual, si forzado a hacerlo, constituye delito –el delito de extrañamiento y si este lo hubiere hecho  voluntariamente–, habría habido complicidad –también delito– en quienes le habrían ayudado a abandonar su cargo.

Correspondía que el vicepresidente, Gustavo Espina Salguero,  si vacante el cargo de presidente, le sustituyera pero la Corte de Constitucionalidad en el simple considerando de una resolución –aberración jurídica tan grave como la del acuerdo gubernativo y tan delito como aquel– sin que se le hubiese citado, oído y vencido en juicio –le despojó del cargo.

Cuando se le hace un boquete a una embarcación empieza a hacer agua hasta que, al fin, sucumbe y eso precisamente ocurrió con nuestro Estado de Derecho, mortalmente herido por la  ilegal “solución” que se  diera al golpe de Estado que intentara el Presidente.

De que la Corte de Constitucionalidad –tribunal de justicia– conociera de la inconstitucionalidad de un acuerdo gubernativo sin que nadie le instara a hacerlo –a que se permitiera que los integrantes del Ejército de Guatemala– caso Xamán –fueran juzgados por tribunales civiles, vigente norma constitucional que prescribe lo contrario– tan solo un paso.

¿Por qué si la Corte de Constitucio-nalidad actuó de oficio en el caso del inconstitucional acuerdo gubernativo, no lo hace  siempre? ¿Por qué no actúa de oficio ante cada inconstitucionalidad en que se incurre?

En el preciso momento en que se permitieron –y aplaudieron– estas decisiones políticas y no jurídicas por parte de un tribunal de justicia se abrieron las puertas  –de par en par– para futuras decisiones políticas por parte de los jueces, la negación misma del Derecho.

¿Es tan difícil comprenderlo?

Tal y como no es cierto que aquellos exgobernantes hayan renunciado, tampoco es cierto al expresidente Alfonso Portillo Cabrera se le haya condenado en los Estados Unidos de América por apropiarse de recursos nacionales.

Cabe señalar que la Fiscalía de Nueva York fue arrastrada a ese juicio por informaciones que le fueron proporcionadas por sectores nacionales ¡Ah, los monopolios! imputaciones que  no pudo sostener. (Hablaba de cifras multimillonarias y hubo de limitarse a dos millones y medio de dólares y habiéndolo hecho de defraudación de nuestro erario público no pudo probar que saliera de este  ni un solo centavo.

Con la sentencia en contra (más bien  a favor) del expresidente Portillo, circunscrita a los cheques que fueron  emitidos a nombre suyo por la República de China (Taiwán), dos de ellos incluso antes de que fuera Presidente –se salvó la imagen, –no de la citada Fiscalía– pero sí del  sistema de justicia de los Estados Unidos de América, sistema que sin la declaración del expresidente Portillo –hecha  cuando estaba cautivo y buscaba  quedar en libertad–  hubiera hecho el más absoluto de los ridículos.

El presidente Serrano y el vice Espina no renunciaron –a este último, incluso, se le despojó del cargo–  y el  expresidente Portillo no fue condenado –mentira–  por una defraudación del erario público sino por introducir al sistema bancario de los Estados Unidos de América los cheques que recibiera de Taiwán.

Si se busca la verdad, ¿Por qué el afán de construirla con mentiras? ¿Por qué afirmar, lo que no es cierto? ¿Por qué generar –con falsedades– corrientes de opinión?

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