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Opiniones de hoy

Pueblos indígenas y la paz en Guatemala II

opinion

En Guatemala la guerra desembocó en actos de genocidio contra todos los pueblos mayas.

 

En 1987, como parte del Acuerdo de Esquipulas II, se estableció la Comisión de Reconciliación Nacional para facilitar el diálogo entre el Gobierno de Guatemala y la URNG, así como para incluir a sectores civiles en los diálogos de paz. Interesantemente, ningún indígena integró esa comisión y solo fueron incluidos en las negociaciones pero como parte de la amplia “sociedad civil”.

En la mesa donde se firmó el Acuerdo de Paz Firme y Duradera el 29 de diciembre de 1996 no hubo espacio para ningún representante de pueblos indígenas. Por el Gobierno firmaron: Gustavo Porras Castejón, Raquel Zelaya, Richard Aitkenhead Castillo, Otto Pérez Molina. Por la URNG: Rolando Morán, Pablo Monsanto, Ricardo Rosales y Jorge Rosal.

A 20 años de paz, revisitar esta lista es una bofetada para pueblos indígenas porque en el 2013, los primeros tres personajes que firmaron por el Estado fueron los mismos que firmaron el documento: Traicionar la paz y dividir a Guatemala, publicado para detener el juicio por genocidio contra Efraín Ríos Montt. En el documento pedían “reconciliación”pero sin justicia.

En Guatemala la guerra desembocó en actos de genocidio contra todos los pueblos mayas. Y aunque el conflicto armado interno se pagó con sangre india, en la mesa firmante solo había espacio para ladinos. Los mismos que hoy osan decidir quién puede y debe exigir justicia, como si la vida india no valiera nada. El último firmante del Estado, Pérez Molina, independientemente de su involucramiento en los casos de corrupción más grandes de la historia de Guatemala, deberá un día afrontar la justicia por su participación como comandante de la base militar de Nebaj durante la época más sangrienta en esa región.

Por la URNG, que ningún hombre o mujer maya ascendiera a un puesto de comandancia para ser firmante demuestra las carencias y límites de equidad racial del movimiento guerrillero.

La urgencia de consolidar “la democracia” y “la paz” pisoteó la justicia por incluir a pueblos indígenas en condición de equidad en las negociaciones y posterior firma de los acuerdos de paz. Hasta hoy, este es uno de los más grades errores históricos y racistas del Estado, URNG y Naciones Unidas.

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