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Opiniones de hoy

Valle Inclán y la dictadura

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El inconforme escritor nació en Santiago de Compostela hace más de un siglo y medio pero vive en las leyendas y anécdotas que él alimentó en su vida.

Ante el desastre que significó para España perder sus colonias en 1898 a manos estadounidenses, como Cuba y Filipinas, Inclán fue parte de esa generación de ese año que siguió el modernismo al estilo de Darío, el cual Unamuno cuestionó como una “esa musiquilla” llena de ritmos.

El escritor gallego era caricaturista a la vez que trabajó en Madrid, México y Buenos Aires. Tras ser actor y dramaturgo, al perder un brazo, se volvió novelista y ganó cierta estabilidad escribiendo novelas de aventuras. La excepcionalidad y la fama le llegó en 1926 al redactar una sobre un sátrapa de América hispana que tituló Tirano Banderas, un presidente déspota y dictador que perseguía a los románticos que deseaban un cambio democrático. Fue así pionero de ese género eléctrico de los dictadores vesánicos, que persiguen, intimidan, secuestran, torturan y asesinan a sus detractores por haber elevado su dedo acusador contra el ínclito prohombre de la nación, el supremo, el más elevado estadista, rodeado por serviles que le buscan medallas, condecoraciones, doctorados locales y en el exterior, para mantenerlo enaltecido por una burocracia de sobalevas y un círculo de canallas. Hay fusilamientos, conspiraciones, prostíbulos, estudiantes y malestar de los extranjeros, con un lenguaje pictórico, a veces sin artículos, muy de la región.

Los Nobel Asturias y García Márquez lo imitaron y otros más entre los que me encuentro yo. El principio de la novela dice así: “Filomeno Cuevas, criollo ranchero, había dispuesto para aquella noche armar a sus peonadas con los fusiles ocultos…” pues iban a darle bala al tirano Santos Banderas con una buena sangría de pólvora, dando inicio a su revolución. La gente tiranizada por la dictadura estaba ya harta… Me recuerda la rebelión de 1920 contra Estrada Cabrera.

El novelista fumó hashish por orden de su médico. No conoció la bohemia al considerarla de mal gusto. La Academia de la Lengua le cerró sus puertas por su cercanía con los republicanos. Esteticista altivo de estilo mórbido y agresivo por sus ironías, tuvo diferencias con Pío Baroja y amistad con J. R. Jiménez. Murió en 1936 sin oír el grito fascista “¡Viva la muerte! Su vida interior la ocultó su familia pero entregó miles de documentos y caricaturas suyas. Qué barbas. Qué gafas tan similares a las que usaba Pessoa.

Original en sus sátiras y críticas sociales y políticas, fue el primer escritor comprometido. Como tal, si estuviera presente en Guatemala, al ver el panorama político desolador actual, él traduciría que la tiranía de Banderas se habría cambiado por la tiranía de una clase política que ha logrado el control de varios Estados latinoamericanos aprovechándose de una débil institucionalidad dentro de una democracia de papel. Esa clase vela por el statu quo y es más voraz en la rapiña del erario público que un viejo dictador como Barrios, Lisandro Barillas, Estrada Cabrera o Ubico. La dictadura de esa clase ha tenido su vanguardia en la UNE, Lider y el PP.

Al final de esta excepcional novela, Inclán escribió:

“Tirano Banderas salió a la ventana, blandiendo el puñal y cayó acribillado. Su cabeza, befada por sentencia, estuvo tres días puesta sobre un cadalso… en la Plaza de Armas…”. Ahora la clase política no irá al cadalso pero saldrá del poder como los dictadores que siempre fueron derrotados por el tiempo y la paciencia de un pueblo, cansado de su manipulación por seguir hurtando el dinero del soberano. Esa clase política se une hoy para blindarse y seguir impune como sucede acá, sin importar su ideología, y casi sin ninguna exclusión. Acá la acechan por justicia la CICIG, el MP, el Procurador de Derechos Humanos, el Ministerio de Gobernación y otros entes, contra una red de la burocracia que opera a favor de la clase política, que ya arremete contra la prensa, y los que luchan por transparencia y justicia. ¡Abajo Tirano Banderas y sus émulos actuales!

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