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Opiniones de hoy

Semifinales de la corrupción

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Detrás de este desesperado intento que dibuja de cuerpo entero la cultura del poder en muchas países de América Latina.

En Brasil se está librando una competencia, por cierto en un juego nada limpio, entre poderes del Estado, que amenaza no solo la estabilidad política económica del gigante latinoamericano, sino también el desenlace de la lucha contra la corrupción que sucede en varios países de la región. En una votación insólita, el Congreso federal de ese país votó por mayoría arrolladora un proyecto de ley originalmente presentado por el poder Judicial que buscaba fortalecer los mecanismos de investigación de los actos de corrupción en la administración pública, transformado en el recinto parlamentario en una ley que contrario al espíritu original, busca sancionar a fiscales y jueces y decretar una amnistía a todos los implicados en las investigaciones de corrupción. Es decir, frenar de un plumazo las investigaciones del caso Lava Jato y otros, y por decreto instaurar el reino de la impunidad a los crímenes de cuello blanco.

Pero no ha sido solo la mala fe de los congresistas lo que ha causado que cientos de miles de ciudadanos hayan salido de nuevo a las calles de las principales ciudades, ha sido su descarado cinismo de haber aprobado esa ley en el momento preciso en que desarrollaban los actos póstumos de los jugadores del equipo Chapecoense, fallecidos en el accidente aéreo en Colombia, en plena nocturnidad aprovechando el ambiente de luto nacional.

Con una solo abstención, 450 diputados votaron por unanimidad el proyecto que paradójicamente entró al Congreso como “10 medidas contra la corrupción”, y salió como una virtual autoamnistía que reprime a los fiscales y jueces que inicien causas de investigación sin contar con los indicios mínimos de culpabilidad y sanciones por el delito de abuso de autoridad y delito de responsabilidad. Como vemos, la corrupción no tiene signo ideológico y este polémico proyecto unificó a todas las fuerzas políticas de Brasil, algo que no sucede ni con la selección nacional de ese país.

El proyecto que fue presentado con el respaldo ciudadano de dos millones de firmas y que ahora están saliendo a las calles a manifestar su indignación por la estafa política ocurrida, está pendiente de ser aprobado por el Senado y ratificado por el presidente Temer que está atrapado en una telaraña de corrupción que ya afecta a más de la mitad de su gabinete.

Todos los fiscales involucrados en el caso Lava Jato, cuya suma investigada podría ascender a US$300 mil millones, ya amenazaron con renunciar de concretarse el trámite de aprobación pendiente, lo cual significaría detener todas las causas contra políticos y empresarios.

Detrás de este desesperado intento que dibuja de cuerpo entero la cultura del poder en muchas países de América Latina, donde resulta inconcebible e inaceptable la existencia de un control independiente sobre el poder político, está el terror generado por el reciente acuerdo de colaboración celebrado entre la empresa Odebrecht y la justicia brasileña, de donde se presume se destapará una olla tan grande que podría convertirse en un verdadero tsunami, no solo en Brasil, sino en todos los países
latinoamericanos y africanos donde operó la misma.

De cómo se defina este juego político dependerá el futuro de muchos países latinoamericanos donde la creciente intolerancia y rechazo ciudadano a la corrupción podría ser el germen de un nuevo modelo de Estado, más afín a los postulados de un Estado de Derecho, pero que sigue enfrentando las resistencias activas de fuerzas políticas autodenominadas de izquierda y derecha, cuya verdadera identidad ideológica está con la cleptocracia.

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