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Opiniones de hoy

La diplomacia cuac cuac

opinion

Haciendo todo cuanto hacían los patos, se les tomó como patos.

Cuentan que no tiene que ser uno extremadamente perspicaz para comprender que si ve a un ave que parece pato, tiene plumas de pato, camina como pato, pico de pato y, además, dice cuac cuac pues, lo más probable, es que sea un pato.

Cuentan que cuando a alguien se le preguntó que por qué afirmaba que el gobierno de Jacobo Árbenz trataba de llevar a Guatemala al comunismo –tiranía “proletario” militar– necesaria para alcanzar el comunismo “¡Qué trágica utopía!” respondió en los mismos términos: Si digo que el gobierno de Jacobo Árbenz trata de llevar a Guatemala a esa tiranía es porque cuando veo y escucho a un ave emplumada que parece pato, camina como pato y, además, dice cuac cuac, afirmo que es pato. 

La diplomacia de los usurpadores de la Revolución de Octubre –no la diplomacia de la Revolución, cuando plural–, diplomacia que fue brillante y que tuvo entre sus filas a muy destacados exponentes –Jorge García, entre ellos– se centró en votar –alineada– conforme lo hacía la Unión Soviética (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS y sus satélites, diplomacia cuac cuac que –como tal– se expuso a cosechar lo que sembraba, es decir, a que se nos percibiera –cuac, cuac–, como un satélite más de la esfera comunista, de esa esfera de países dominados por lo que fueron aquellas tiranías “proletario”-militares que buscaban llegar al comunismo “¡Qué trágica utopía!”.

Nuestra diplomacia fue una diplomacia cuac cuac que nos hizo aparentar –si tal fuere el caso, que no lo es– lo que no éramos.

Nos encontrábamos en plena Guerra Fría y no se les ocurrió nada mejor a nuestras autoridades que ponernos de pechito –en inútil y absurdo flirteo con aquellas tiranías– vecinos como éramos –y somos– de un imperio que era de aquellas absolutamente contrapuesto, la democracia liberal de los Estados Unidos de América.

Charangan changan changan, tiempo de guitarras y maracas –tal nuestra diplomacia– dizque protesta –y absolutamente inconducente. ¿Otro jaibolito?

Nada mejor para evaluar y administrar que evaluar por resultados y si de lo que se trataba era conseguir que se nos percibiera como “comunistas” y que se derrocara al gobierno constituido, enhorabuena ¡Lo logramos!

Si, por el contrario, lo que pretendía aquella diplomacia era que se nos comprendiera y respetaran nuestras decisiones soberanas, su fracaso fue absoluto.

¿Cuál fue el resultado de la diplomacia cuac cuac, más allá de sus románticas pasiones?

Hace unos años esperábamos el resultado de una operación –operaban a Miguel– querido familiar y amigo –y, después de varias horas, empezaron a salir los médicos del quirófano: “¡Qué éxito, qué manos, qué precisión, la del Maestro!” comentaban entre sí y, oyendo sus comentarios, imbuidos de esperanza, nos atrevimos a preguntar a aquel eufórico grupo de galenos ¿Y Miguel? Ah, no, respondieron, Miguel, murió pero “¡Qué éxito de operación, qué manos, que precisión, la del Maestro!”.

¿Se quería que la CIA siguiera ayudando a los alzados o se buscaba que abortara su proyecto?

¿Cuál, el resultado?

¿Nuestra diplomacia –acaso– precursora de nuestro trágico fútbol? ¿Jugando como nunca y perdiendo como siempre?

La causa de aquel fracaso es que no existía ninguna política exterior de Estado a ejecutarse, es decir, una política sustentada en nuestros intereses y en nuestros principios y valores en vez de sustentarla en los intereses y en los “principios y valores” de los otros.

¿Qué era lo nuestro? Una revolución plural que había merecido y hubiera seguido mereciendo todos los respaldos pero que abortamos con aquel asesinato ¿se recuerdan? el de Francisco Javier Arana, el 18 de julio de 1949, revolución que, a partir de entonces –ya sesgada– pretendió ser lo que no era y en lo que se la quiso convertir, la tiranía sin división de poderes y sin la institución del amparo, tiranía que condujera –arbitraria– a los fines de los déspotas –necesario momento– el de la tiranía intentada –para llegar al
comunismo “¡Qué trágica utopía!”.

No se nos puede ver desde fuera en forma distinta de cómo nosotros nos vemos desde dentro. Al menos, no por tiempo sostenido.

La diplomacia cuac cuac tuvo su buena parte de responsabilidad –es bueno saberlo y recordarlo– para determinar el final de aquel gobierno que “quiso” defender.

¿Qué tenía que ver nuestra Revolución, plural y democrática, con la tiranía “proletario”-militar de José Stalin? ¿A cuenta de qué nuestra votación internacional alineada con esa tiranía? ¿A cuenta de qué, en nuestra Asamblea Nacional (el Congreso) un minuto de silencio por su muerte?

¡Ah nuestra diplomacia cuac cuac! –y para ajuste– a pesar de inútil (me atengo a resultados) se la pondera y deifica. ¡Macizos –jugando como nunca y perdiendo como siempre– en la construcción de mitos!

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