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Opiniones de hoy

Día Internacional para la Tolerancia

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Hoy, 16 de noviembre, se celebra el Día Internacional para la Tolerancia, el cual fue proclamado en la resolución 51/95 de fecha 12 de diciembre de 1996, adoptada por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La Declaración de Principios sobre la Tolerancia, de fecha 16 de noviembre de 1995, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), establece que “la tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz”.

Sin duda, como ocurre en otras democracias incipientes uno de los males más arraigados en nuestra sociedad es la intolerancia, que se traduce en la negación, irrespeto o restricción de la libertad de pensamiento y de expresión.

Tradicionalmente, quienes ostentan el poder político en Guatemala han recelado y reprimido, por medio de la violencia física y psicológica, a los que se oponen o critican sus acciones u omisiones, es decir a los que se atreven a disentir de sus conductas, actitudes, decisiones o ejecutorias.

La libertad de pensamiento y de expresión es un derecho humano fundamental. Es esencial para que la opinión pública se mantenga informada, para que la discusión sustituya a la violencia, para que un gobierno se guíe por la saludable luz generada por la confrontación pacífica de ideas y planteamientos contrarios. La libertad de pensamiento y de expresión es uno de los pilares más firmes de la democracia institucional, a través de la cual es factible la discusión de los asuntos públicos, así como por su medio los ciudadanos se impongan de los abusos de autoridad, actos de corrupción y lo que se hace a sus espaldas y con opacidad.

Aunque el sistema jurídico guatemalteco reconoce y garantiza la libertad de pensamiento y de expresión, los gobiernos de turno siguen coartándola y violándola, mediante variados mecanismos: Coacción, intimidación, amenaza, chantaje, agresión, encarcelamiento, persecución y exilio.

La censura, las advertencias, las intimidaciones, la descalificación personal y las campañas negras siempre han sido armas de gobiernos débiles temerosos de enfrentarse a la oposición o de someterse al juicio de la opinión pública. Un gobierno que es fuerte permite la oposición y la crítica; de hecho, no duda en institucionalizarlas, protegerlas y defenderlas.

Sin tolerancia, la confrontación de ideas no es posible y no hay cuestionamiento, crítica y debate. Sin conciencia crítica y sin intercambio de ideas, la lógica de lo razonable cede ante el dogma, la demagogia y el fanatismo.

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