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Opiniones de hoy

Desorden permanente vs. desarrollo

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Este nuevo conflicto, sin embargo, es parte del paisaje nacional donde nos hemos acostumbrado a vivir en un desorden permanente.

La semana pasada culminó el paro decretado por pilotos de transporte pesado que tuvo en vilo el tránsito en las principales rutas del país y que representó además millonarias pérdidas económicas tanto para empresas como para el Gobierno mismo que dejó de percibir impuestos derivados de la actividad exportadora e importadora que se vio afectada.

Este nuevo conflicto, sin embargo, es parte del paisaje nacional donde nos hemos acostumbrado a vivir en un desorden permanente que lejos de bajar de nivel sigue aumentando año con año. No hay sector social o económico que no se vea afectado por la conflictividad caracterizada por la toma de medidas de hecho que terminan afectando no solo a los actores en pugna, sino a todo el conjunto social.

Esta creciente conflictividad es un síntoma directo del fracaso de la política en nuestro país, o mejor dicho de la mediocridad o el mal desempeño de los gobiernos de turno de los últimos 30 años, que llegan al poder sin preparación ni concepto para enrumbar al país hacia mejores derroteros, acomodándose a administrar la cosa pública como un mero asunto de trámite, mientras se hacen negocios muy lucrativos para funcionarios y financistas de turno.

En medio de este caos nacional, se realizó hace dos semanas una interesante actividad a instancias de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), que tuvo como invitados a profesores expertos de Corea del Sur en temas de desarrollo, quienes expusieron la experiencia del modelo de desarrollo de su país, diseñado a inicios de la década de los sesenta y que tan solo 30 años después de ponerlo en marcha ya le ubicaba como una potencia económica a nivel mundial.

En la década de los sesenta Corea vivía una situación realmente desesperante después de haber sufrido los embates de la guerra, siendo su presupuesto nacional entonces financiado en un 80 por ciento por ayuda de Estados Unidos, y con un ingreso per cápita de apenas US$80 anuales. En esos mismos años, el ingreso per cápita en Guatemala rondaba los US$250, es decir más de tres veces al del país asiático.

El profesor Sung Gul Hong del Instituto de Desarrollo de Corea (KDI), tuvo a su cargo la ponencia introductoria sobre como desde el origen del primer plan de desarrollo económico en 1962, el cual es revisado cada cinco años, su país paso de ser un país de población mayoritariamente analfabeta y de vocación agrícola, a un país altamente industrializado y productor de alta tecnología. Antes del plan, el sector agrícola superaba el 60 por ciento del PIB frente al seis por ciento actual.

La apuesta de desarrollo los llevó a definir qué tipo de productos sería la base para el proceso de industrialización que dio sus primeros pasos con la producción de textiles y zapatos en los sesenta, pasando en los setenta a la producción de productos electrónicos como radios y televisores, hasta dar el salto en los ochenta a la industria automotriz y de alta tecnología.

De acuerdo con el profesor Sung, el éxito del plan estuvo en orientar el sector financiero y las instituciones del Estado, a apoyar el plan económico de desarrollo escogido. Solo aquellas actividades consideradas bajo dicho plan eran objeto de préstamos a bajas tasas de interés y otras ventajas. Se dio prioridad a la construcción de infraestructura que apuntalara las actividades económicas escogidas, tales como autopistas, puertos, trenes, telecomunicaciones y energía.

Otro rubro de inversión intensiva fue la educación concentrada en los años sesenta en la cobertura primaria, en los setenta en secundaria y posteriormente en la educación superior universitaria.

Es realmente insólito que, teniendo relación diplomática y comercial con socios como Corea y Taiwán, dos de los llamados tigres asiáticos en su momento, y que han tenido experiencias exitosas en sus modelos de desarrollo, el país siga estancado en un laberinto perfecto reproductor de pobreza y exclusión, sin aprender de estos casos. Hoy en día el ingreso per cápita de Corea es casi de US$30 mil anuales y el nuestro no alcanza los US$4 mil. La diferencia la hizo para Corea tener un plan definido de acción para el desarrollo y todos los actores y recursos dedicados al mismo, en tanto en Guatemala seguimos apostando por todo, es decir por nada, teniendo como resultado un país cuyas cifras y estadísticas dan cuenta de un país perdido y sin rumbo.

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