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Opiniones de hoy

El nuevo nacimiento

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Todo comenzaba bien hasta que llegó el 31 del mismo mes.

 

Agonizaba el mes de enero de 1931, cuando el tío Guillermo García se adentró por el Registro Civil para inscribir al chiriz esmirriado que era yo. Resulta que el 23 de enero, las manos hábiles de mi tata, con la ayuda de los pujidos de mi madre, me trajeron al mundo ante la algarabía de mis hermanas y tíos. Todo comenzaba bien hasta que llegó el 31 del mismo mes, día en el que –de madrugada– se presentó una patrulla militar con la orden de allanar la casa, en busca de armas destinadas para llevar a cabo un complot. Al presidente de la República, general Jorge Ubico, le había llegado el chisme que en la casa de la Chinche Barnoya estaban escondidas las armas que, servirían para darle caravuelta. La soldadesca salió sin las armas, dejándome una desnutrición que a duras penas aplacó la leche nutritiva de una burra de Castillo Hermanos.

Ya en la Presidencia el general Ubico, y como se aproximaba el 10 de noviembre, fecha en la que don Jorge arrejuntaría 53 años, decidió el Señor Presidente decretar esa fecha como día de asueto. Así como año con año se celebraba el 10 de noviembre con diferentes actividades, empezando con un besamanos que se llevaba a cabo en la Casa Presidencial (inaugurada el 10 de noviembre), y en donde burócratas, funcionarios y múltiples lambiscones, formaban filas para estrechar y hasta besar la diestra enguantada del dictador. Vinieron después carreras de Maratón en la que desde Tajumulco, corredores mayas con nombres caballeros, corrían hasta la meta situada en Casa Presidencial, consistiendo el trofeo en un besamanos presidencial. Así continuaron las celebraciones del 10 de noviembre: un año se inauguró la Feria de Noviembre; el otro, el edificio del Correo y después la Sanidad Pública; en 1943, la Concha Acústica y en 1944, el Palacio Nacional al que el humor chapín bautizó como el Guacamolón. Así fue como la fecha del 10 de noviembre se incrustó en la memoria al lado de la del 15 de septiembre y el 30 de junio.

La fecha de cumpleaños –23 de enero– siguió celebrándose por 84 años; año en el que sucedió algo extraño: ese 2 de noviembre, el transductor de Luis Velásquez, mostró en el ecocardiograma, una estrechez severa de la válvula aórtica. Fue entonces, cuando en Unicar, las manos salvadoras de Rafael Espada, Herbert Maldonado y Annabella Lobos, sustituyeron la válvula deteriorada por una nueva el mero 10 de noviembre. Del inframundo llegó la orden del dictador: “Desde hoy –día de mi olvidado onomástico– se instituye la fecha del 10 de noviembre como el día en que volvió a la vida en Unicar, mi detractor de nacimiento, el viejo entelerido de José Barnoya. Publíquese y cúmplase: Jorge Ubico”.

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