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Opiniones de hoy

Guatemala 1996, Colombia 2016

opinion

Por ellos, por las víctimas y por la paz en el continente, los gobiernos deberían de cumplir la palabra que empeñaron frente a sus pueblos.

Cuando vi las imágenes de jóvenes alzando las manos y gritando de emoción. Cuando vi rodar las lágrimas de adultos y la alegría generalizada durante los discursos del presidente Manuel Santos de Colombia y del líder de las FARC, Rodrigo Londoño y cuando el Himno a la Alegría salía de miles de gargantas, me remonté a aquel 29 de diciembre de 1996 y vi la Plaza de la Constitución repleta de ciudadanos que llegaron para respaldar la firma de la paz en Guatemala. Ese día, así como se hizo en Cartagena, Colombia, se anunció con bombos y platillos, el fin de la confrontación armada. Solo quienes hemos vivido los duros momentos de la guerra, sabemos lo que representa firmar la paz, el intento de iniciar un nuevo proceso con transformaciones profundas de las estructuras opresoras. Lástima que los acuerdos de paz en Guatemala, veinte años después no hayan sido cumplidos porque otro gallo cantaría en esta hacienda, donde los que imponen su voluntad, se han opuesto siempre a los cambios que se necesitan para que florezca la Guatemala por la que muchos entregaron su vida, por la que soñaron y que hoy en día se debate en una crisis política de imprevisibles consecuencias.

Quienes hoy tienen medio siglo de vida, tenían dos años de haber nacido cuando se inició la guerra en Colombia que duró 52 años y que al igual que en Guatemala que duró 36 años, dejó más de doscientas mil víctimas, miles de desaparecidos, exiliados y refugiados, así como millones de desplazados internos. Por ellos, por las víctimas y por la paz en el continente, los gobiernos deberían de cumplir la palabra que empeñaron frente a sus pueblos. Ojalá que el Gobierno de Colombia inicie ese proceso siguiendo las reglas que el mismo señaló: “Justicia, verdad y reparación”, único camino que conduce a la paz y a la conciliación.

El próximo domingo 2 de octubre, el pueblo colombiano tiene la oportunidad en el plebiscito, de darle una bofetada con su voto por el “Sí”, a los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana que están aullando por la continuidad de la guerra, mientras que el presidente Santos fue contundente al señalar que: “Prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas, a una guerra imperfecta que siga sembrando muerte y dolor en nuestro país, en nuestras familias”. Sí el derecho a la autodeterminación de los pueblos fuera una realidad, si Estados Unidos dejara de meter sus garras en el continente, la paz y democracia sería el faro que lo iluminaría frente a otros países del mundo. Ojalá que el presidente Jimmy Morales tome conciencia de lo que representa para el futuro de Guatemala el fracaso de su gobierno y tome los acuerdos engavetados hace 20 años e impulse las transformaciones pendientes. Sé que es pedir peras al olmo, pero si no se libera de las cadenas que lo atan, más temprano que tarde el pueblo lo arrollará sin compasión alguna.

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