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Opiniones de hoy

28 de septiembre

opinion

Como Día Internacional del Aborto Seguro.

Circulan noticias acerca de la inminente declaración por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas que se llevará a cabo en Nueva York próximamente, de proclamar el 28 de septiembre como Día Internacional del Aborto Seguro, debido a la presión ejercida por alrededor de 430 grupos feministas que le están exigiendo al Secretario General de la ONU esa nefasta celebración.

La Delegación guatemalteca en la ONU debe votar en contra de dicha proclamación por las siguientes razones jurídicas: El Artículo 3º. de nuestra Carta Magna es preciso al afirmar que, y cito: “El Estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y la seguridad de la persona”.

Por otra parte, el Artículo 133 del Código Penal al definir el aborto, lo hace de la siguiente manera y cito: “Aborto es la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez”. Quien atente contra este precepto mediante un aborto procurado por la mujer encinta o consentido por ésta para que otra persona se lo cause, será sancionada con prisión de uno a tres años. Si lo hiciere impulsada por motivos que, ligados íntimamente a su estado, le produzcan indudable alteración psíquica la sanción será de seis meses a dos años de prisión, tal como lo estipula el Artículo 134 del cuerpo legal citado.

La normativa legal no termina ahí, pues el Artículo 135 del Código Penal menciona que, y cito: “Quien de propósito causare un aborto, será sancionado: 1º. Con prisión de uno a tres años, si la mujer lo consintiere. 2º. Con prisión de tres a seis años, si obrare sin consentimiento de la mujer. Si se hubiere empleado violencia, amenaza o engaño, la pena será de cuatro a ocho años de prisión”.

Como se ve, nuestra legislación es muy clara en cuanto a este delito se refiere, y viene a ser refrendada por la Carta Magna no solo con el Artículo 3º. de la misma, ya citado, sino también con los Artículos 1º. y 2º. de la Ley Suprema, el primero de los cuales señala expresamente la razón de ser de la organización del Estado de Guatemala cuando menciona que la misma existe para proteger a la persona y a la familia, y el Artículo segundo obliga al Estado a garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la
seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona.

Por si lo anterior fuera poco, el preámbulo constitucional, que no es vinculante pero sí constituye la razón de ser de la Constitución, comienza invocando el Nombre de Dios, y en parte de su enunciado afirma la primacía de la persona humana como sujeto y fin del orden social, reconociendo a la familia como génesis primario y fundamental de los valores espirituales y morales de la sociedad, con lo que se pone en evidencia el carácter trascendente de la parte dogmática de nuestra Carta Magna, para lo que viene muy al caso, la Carta Encíclica Evangelium Vitae de San Juan Pablo II, la cual afirma que el hombre y la mujer están en relación con los demás ante todo como custodios de sus vidas. Esta afirmación se basa en el libro del Génesis 9,5 que dice textualmente en su parte conducente: “A todos y a cada uno reclamaré el alma humana…” Desde esta perspectiva, la relación con Dios exige que se considere la vida del hombre sagrada e inviolable.

Sobre el prefacio constitucional hay jurisprudencia en el sentido siguiente: “(…) El preámbulo de la Constitución Política contiene una declaración de principios por la que se expresan los valores que los constituyentes plasmaron en el texto, siendo además una invocación que solemniza el mandato recibido y el acto de promulgación de la carta fundamental. Tienen gran significación en orden a las motivaciones constituyentes, pero en sí no contiene una norma positiva ni menos sustituye la obvia interpretación de disposiciones claras. Podría, eso sí, tomando en cuenta su importancia, constituir fuente de interpretación ante dudas serias sobre alcance de un precepto constitucional (…) Si bien (…) pone énfasis en la primacía de la persona humana, esto no significa que esté inspirada en los principios del individualismo y que, por consiguiente, tienda a vedar la intervención estatal en lo que considere que protege a la comunidad social y desarrolle los principios de seguridad y justicia a que se refiere el mismo preámbulo (…)”. Gaceta No 1, Expediente 12-86, fecha de sentencia 17 de
septiembre de 1986.

Específicamente, sobre el derecho a la vida también se ha sentado jurisprudencia en la Corte de Constitucionalidad la cual en su Gaceta No. 95, Expediente 4712-2009, que contiene la sentencia del 10 de febrero del 2010, dice y cito: “(…) el derecho a la vida está contemplado en el texto supremo (Artículo 3) como una obligación fundamental del Estado, pues el propio preámbulo de la Constitución afirma la primacía de la persona humana como sujeto y fin del orden social, y de ahí que en la ley matriz también se regule que el Estado de Guatemala debe organizarse para proteger a la persona humana (Artículo 1) y que por ello debe garantizar a los habitantes de la República (entre otros aspectos) la vida y su desarrollo integral (Artículo 2), por lo que este derecho
constituye un fin supremo, y como tal merece su protección”
.

En ese orden de ideas, conviene mencionar que la Constitución Política de la República está fundamentada en la ley natural que se descubre a partir de la estructura de las cosas, como lo menciona Carlos Ignacio Massini Correas en su obra El Derecho Natural y sus Dimensiones Actuales. Lo anterior significa que el Derecho no se inventa, se descubre a partir de la relación entre los hombres, como lo afirmó el tratadista Luis Recasens Siches en su obra Filosofía del Derecho, siendo de esta relación que parte el nacimiento de los deberes y de los derechos entre los hombres, nunca por la disposición de los órganos legítimamente constituidos para legislar, como lo afirma radicalmente, el positivismo jurídico en boga. Digo esto porque a pesar del carácter iusnaturalista de la Carta Magna, mucha de la legislación ordinaria es eminentemente positivista.

Finalmente, me permito citar, para fundamentar la negativa de la Delegación guatemalteca de adherirse a la solicitud de los grupos feministas, un pensamiento aristotélico que viene muy al caso en el tema que me ocupa: “El hombre es entre los animales el único que tiene palabra… la palabra está para hacer patente lo provechoso y lo nocivo, lo mismo que lo justo y lo injusto; y lo propio del hombre con respecto a los demás animales es que él solo tiene la percepción de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto…”. Aristóteles, Política, Libro I, c. 1.

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