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Opiniones de hoy

¡Asturias vive!

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En la magistral escultura de Max Leiva, con toda su imaginación y su misma fuerza, Miguel Ángel Asturias sigue igual de vivo entre nosotros.

 

La avenida Reforma y la avenida de Las Américas son pródigas en sucesivos adefesios escultóricos, inexpresivos, estáticos, muertos y, cuando en intentado movimiento, poco menos que ridículos.

Tan solo una escultura, en todo ese trayecto, constituye una verdadera obra de arte que pueda calificarse de maestra, la de Asturias, viva, vibrante, enérgica tal y como que si el Gran Moyas, Miguel Ángel, estuviera allí y brotaran de él todos los poemas –más que novelista, magnífico poeta– y, de sus novelas, tan vivos como él, sus personajes, Miguel Cara de Ángel, el Pelele, la niña Fedina, Camila, el mayor Farfán –irrumpiendo todos en la realidad más reales que la realidad misma–, plasmados en ella con sus miedos y temores: con sus alegrías, sus risas y sus lágrimas, rompiendo, Miguel Ángel Asturias, en dos, tal el Asturias de la Avenida la Reforma, el propio cielo: la tiranía, el personaje, por encima del tirano, títere –también– enredado en sus propios hilos, el titiritero.

En la escultura original, volaban páginas y hojas, pero fue depredada.

 Sin embargo, aún así, mermada –innecesario es lo que se intuye– conserva todo su valor y su sentido.

“Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedra lumbre…”

“Tecún Umán, el de las torres verdes, el de las altas torres verdes, el de las altas torres verdes, verdes verdes… Quetzalumán!”.

“Ruth, la dulce Ruth, la que fue alondra… del tamaño de un átomo en el mar de una lágrima… la que se vuelve risa, cuando ríe; la que se vuelve llanto, cuando llora; la que se vuelve virgen, cuando ama… Ruth, la dulce Ruth, la que fue alondra…”.

“Intimo amigo del ensueño, Ulises, volvía a su destino de neblina… Su esposa le esperaba y son felices en la leyenda, pero no en la vida, porque volvió, sin regresar, Ulises…”.

“Creo en la libertad, madre de América, creadora de mares dulces en la tierra y en Bolívar, su hijo, Señor Nuestro que nació en Venezuela…”.

 “Y tu desterrado, estar de paso, siempre de paso… tener la tierra como posada… no tener sombra sino equipaje… quizá mañana, mañana o nunca…”.

Existe una técnica en el cine que se llama dibujo inanimado, técnica en la cual el dibujo permanece estático y lo que se mueve es la cámara, técnica que quisiera aplicar sobre la escultura de Asturias, dichos en su movimiento todos sus poemas y leídos todos sus pasajes…

Miguel ángel Asturias está vivo en la Avenida la Reforma, el escultor Max Leiva, lo ha logrado y bien podría tomar un cincel, golpearlo y exigirle como lo hiciera el otro Miguel Ángel al Moisés “¡Habla! pero, la verdad de las cosas, ni siquiera la exigencia es necesaria ya de la escultura de Asturias –Max Leiva lo logró– rezuman todos sus poemas y, sin pronunciarlas, no se hace necesario, todas las palabras.

Si, el Asturias de la Avenida La Reforma, es el Asturias del regreso, el del jornal ganado. El Asturias recibido por su madre, con los brazos abiertos.

Alguna vez soñé con un hermano Pedro –Santo Hermano Pedro– como ese Asturias de Leiva; como esa Marimba de Galeotti, a la entrada de Xela, depredada, también, pero al revés, con la burda adición que se le hiciera.

Soñé vivo al Santo Hermano Pedro, como vivos, a pesar de depredados, la Marimba –su espíritu moreno– y Miguel Ángel, un alma en agonía y desbordada de amor atormentado…

La imagen del Santo Hermano Pedro de San José de Betancourt, devuelto a la vida por Max Leiva, al costado de la Basílica de San Pedro, en el jardín de enfrente de la puerta pequeña, la de Santa Marta. en pleno Vaticano.

Tal vez, el pontificado de Francisco, sea el momento de lograrlo y el nuevo Embajador de Guatemala ante la Santa Sede, Alfredo Vásquez Rivera –Embajador de carrera– diplomático que llega a este cargo desde Israel –y tras una Misión bien llevada– sepa conseguirlo.

“El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual…”.

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