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Opiniones de hoy

No son castas, son empleados

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Todos ellos se creen la casta de los privilegiados por la impunidad, sin razonar, ni pensar que solamente son servidores públicos, pagados con el dinero de este pueblo descarnado, al que nunca sirven.

Casta es un grupo que se considera una clase especial y se categoriza porque tiende a permanecer separada de los demás, por sus creencias o sus categorías sociales. En Guatemala, se han afincado grupos de gente que se consideran una clase privilegiada e impune porque ostenta temporalmente el poder y maneja fondos del Estado. O bien, es empresario contratista mafioso o militar que trabaja, en su cargo, para defender o servir a los intereses extragubernamentales, –para suavizar el calificativo–.

Ya estamos viendo que, se trata de socios o amiguetes de los círculos poderosos, que se incrustan en los puestos que desempeñan, como una casta que goza de innumerables privilegios. Sus propósitos los llevan muy claros. Cometen delitos y abusos hasta que, de repente, la nueva Justicia los alcanza o les permite seguir desempeñándose, hasta que asuma un próximo gobernante. Gente uniformada por su falta de honradez y mala sangre. Convierten la oportunidad de servir a Guatemala, en un nicho para saciarse en el saqueo, cometiendo interminables desfalcos, amañadas justificaciones para ejecutar la auténtica venalidad, que también sirve a sus patrones y salpica a sus testaferros. La incidencia de los casos, se nos sigue presentando como una grotesca película que no tiene fin.

Así, los hemos perfilado un sinnúmero de veces, más, sin embargo describirlos y denunciarlos no sirve de mucho para cambiar las estructuras mafiosas de este país. Se agrupaban como el gran consorcio criminal para encadenarse al saqueo inmisericorde de los fondos del Estado, como si su condición de políticos electos, colaboradores del Gobierno, diputados, representantes de sindicatos mercenarios, los blasonara con una serie de privilegios como si realmente fuesen castas sagrada e intocable por la Justicia, menos por el señalamiento de nuestro desalentado y famélico pueblo. ¿Qué tal?

Estas características concretan la persistente actuación desde gobernantes, para abajo, que actúan de espaldas a la Constitución de la República o a las normas que los integran, como empleados de dependencias o como ciudadanos electos popularmente. Hasta hemos presenciado casos de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Constitucionalidad que no se han escapado de señalamientos cohecho y venalidad. Sin duda, los casos ejemplares son de quienes suponían que, dentro de las instituciones obligadas para hacer cumplir la ley, todavía cuentan con respaldos que, de una forma u otra, los eximirán de sus responsabilidades legales.

Por ejemplo: El consorcio de la impunidad formado por una junta directiva del Congreso de la República y 14 diputados que cobraban el beneficio de cientos de plazas fantasmas; Unos dirigentes sindicales que ganan hasta Q70 mil mensuales, como pago a su silencio. Otros 14 sindicatos funcionando señalados por la Procuraduría General de la Nación como agrupaciones ilegales. Un ministro de Comunicaciones que se ufana afirmando que no tiene dinero para arreglar carreteras porque ya pagó la deuda de arrastre de Q400 millones, sin tomarse el tiempo de explicar al pueblo si las compañías habían cumplido con los contratos. La constante denuncia de que los cobros ilegales siguen haciéndolos fríamente en las aduanas del país. Un Contralor General que ejerce, con una clara prohibición constitucional de su desempeño. Distintas cárceles donde se categoriza a los presos con privilegios. Los mismos contratistas de medicamentos en el IGSS, señalados por fomentar la corrupción. Algunos militares y alcaldes señalados de proteger el narcotráfico, sin mayores preocupaciones. Todos ellos se creen la casta de los privilegiados por la impunidad, sin razonar, ni pensar que solamente son servidores públicos, pagados con el dinero de este pueblo descarnado, al que nunca sirven. Roguemos por que los tribunales de justicia se sigan saneando de jueces venales y que tanto la Corte Suprema de Justicia como la Corte de Constitucionalidad no elijan más a magistrados que aparentan servir a la Ley y a Dios, pero que resultan ser auténticos servidores de los demonios que cuidan El Noveno Círculo del Infierno: Donde irán a parar todos los traidores. En este caso, los traidores a la patria, que los alimenta.

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