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Opiniones de hoy

El Estado en proceso y el reclamo por cambiar

opinion

Maquiavelo dijo que a los que les es fácil llegar a ser príncipes les cuesta mantenerse en el cargo, a menos que cuenten con apoyo popular.   

El presidente Jimmy Morales así llegó y aún goza de apoyo popular, pero ha disminuido. Para mantenerlo en alza, debe responder a las mayorías que esperan un cambio a su favor, y no solo de los militares y la elite. En el fondo se trata de cambiar la estructura heredada del Estado liberal oligárquico de Justo Rufino Barrios a Jorge Ubico, a cuya caída nació la Constitución de 1945, con orientación social. Esa orientación se perdió a la caída de Árbenz con una nueva que volvió al sistema oligárquico liberal. La Constitución que entró en vigencia en 1985 mostró el poder de la elite económica y los coroneles y generales al recetarse los privilegios de siempre, al tiempo que abrieron más las puertas al enriquecimiento corrupto de políticos de origen medio y sencillo, para que no hicieran olas al statu quo. Era una forma de comprarlos. La elite económica dirigió el proceso tras bambalinas. Pero luego entró en pugna con el sector de generales y su Cofradía, la que ganó el pulso al llevar a Portillo-Reyes-Ríos Montt a gobernar. La transición democrática estaba en medio de esa tensión de dos actores al mismo tiempo que los partidos, abiertos a la corrupción, punto de lucha de la elite y los generales.

Esa pugna es algo común en nuestra historia: los oficiales fueron tan codiciosos como las elites económicas, donde el dictador –Estrada Cabrera o Ubico como ejemplos– podían arbitrar, pues los generales no querían ser solo los ¿cuidadores? del sistema económico sino partícipes de sus beneficios. Sucedió también en el periodo de la Revolución 1944-1954 con los militares (Arana y Árbenz) proyectando rivalidades por hacerse del poder, en oposición a los intelectuales civiles, que deseaban orientar el proceso de cambios, criticando a los uniformados. Ni Arévalo pudo evitar esa presión castrense. Los oficiales de la promoción de Árbenz y él llegaron a mandar de 1951 en adelante el proceso revolucionario junto con el partido comunista. Pero no era porque tuvieran esa ideología sino porque beneficiaba a un grupo de coroneles cercanos a Árbenz. Pero luego lo traicionaron en espera de mantener su privilegio al plegarse a EE. UU. que impuso al coronel Castillo Armas. Le nueva elite y los coroneles volvieron a la pugna. La ganó el general ubiquista Ydígoras al alcanzar la presidencia con una Constitución del mismo corte. Décadas después, en otro régimen militar, la elite y los generales avalaron la Constitución de 1985 que hoy nos rige y que fue modificada en 1994. Los Acuerdos de Paz debieron prever algunos cambios en la Constitución para tender a salir del legado oligárquico-liberal. Ese cambio puede darse ahora al crear nuevas leyes en el sector justicia y las otras que demanda la sociedad desde 2015, incluyendo a la Constitución, pues no puede ser posible que continúe la impunidad ante el saqueo del Estado de algunos generales y ayudantes, más la elite económica y sus asistentes, dado que eso ha significado una política de extorsión para con los excluidos, con un Estado corrupto, al que se le agregó el narcotráfico a La Cofradía y a los generales desde fines de los ochenta.

Un Estado nuevo reclama que ambos actores tradicionales mermen su poder –económico y militar– y den mayor espacio a los pueblos originarios y comunidades organizadas en la toma de decisiones políticas en este gobierno, incluso en el presupuesto. El sustento popular que necesita Jimmy Morales para tener legitimidad está en el campesinado originario que hizo fuerte a Rafael Carrera en el siglo XIX; y sacar de su gobierno a los remanentes del gobierno de Pérez Molina y otros que han sido parte del oscuro mundo de Xibalbá.

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