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Opiniones de hoy

La única posibilidad de cambio

opinion

Omitir el debate sobre los distritos pequeños, equivale a no tener debate alguno.

Los distritos electorales para elegir diputado deben ser pequeños y en cada distrito elegirse uno solo de tal forma que los candidatos ganen o pierdan.

Una sola la curul en disputa y, en consecuencia, uno solo el ganador.

El diputado si electo, así –uno solo el electo– lo tendrá bien claro y representará a su distrito (léase, a los electores de ese distrito, es decir, a sus electores) para quienes tendrá la mejor de las lealtades.

La campaña electoral de los candidatos a diputado cuando el distrito es pequeño –esto es algo que cae de su peso– resulta muchísimo más barata que las campañas –mega campañas– que actualmente se realizan y que, como lógica consecuencia, dan el monopolio electoral a aquellos candidatos y organizaciones más pudientes.

En un distrito pequeño –no más de 50 mil sus electores, se podrá obtener el triunfo con aproximadamente 12 mil votos válidos y hacer contacto con 12 mil electores en noventa días (duración máxima que debería tener la campaña electoral) es algo posible, incluso, estrechándoles la mano.

Esa es la gran diferencia entre el sistema de distritos pequeños y el actual: Menos los recursos económicos necesarios y, en consecuencia, menos los compromisos económicos, mayor contacto personal entre los candidatos y los electores, certeza –a ciencia cierta– para el elector, de quién es su diputado y, para el diputado, de quiénes son sus electores.

Y, por cierto ¿Quién es su diputado?

¿Quiere usted saberlo? Pues si es así, no tiene alternativa: Opte por el sistema de distritos pequeños, el único que, reitero –sin oscuros artilugios– permite que lo sea. Uno solo el diputado a elegir y uno solo, el electo: El ganador.

Obviamente que habrá candidato que gaste cantidades industriales en su campaña pero, si el distrito es pequeño, ese dinero en exceso carecerá de importancia ya que aquel que no lo tenga, con recursos incluso modestos, puede hacerla de excelencia.

Si el distrito es pequeño, el elector tendrá la ocasión de evaluar mejor a los distintos candidatos e, incluso, de conocerles personalmente y los candidatos, por su parte, además de ese mismo contacto y conocimiento recíprocos, tendrán más claras las necesidades, las pretensiones y las expectativas de sus electores.

Los distritos pequeños –sin necesidad de dádivas– llevarán al Congreso de la República a la Guatemala indígena y así veremos, finalmente, un Congreso plurinacional, representadas en el todas las naciones.

La clave para que el diputado conserve lealtad con sus electores –con sus principios e intereses– es que estos tengan la posibilidad de premiarle (la reelección es el premio) o de castigarla (la no reelección, el castigo).

Si el Congreso es el pueblo en él representado, podremos dar al Congreso de la República los máximos poderes ya que se tratará, entonces, del pueblo mismo quien tenga esos poderes y quien los ejercite: verdadero contralor político el Congreso –el pueblo– de la sanidad del Estado.

La alternativa es clara, introducimos los cambios que de verdad implican cambio o seguiremos en lo mismo.

Hubo presidente de la Corte Suprema de Justicia –bofetada al Congreso– que le dio las gracias al Presidente de la República por haberle designado y lo hubo también que se las dio a los Secretarios Generales de los Partidos Políticos –bofetada al Congreso– por hacer lo mismo.

Hoy –bofetada al Congreso– se busca una vez más excluir al Congreso –al pueblo– y que las gracias se le den al “Consejo de la Carrera Judicial”, el pueblo –como siempre– ajeno.

Para que exista un cambio no valen los chapuces –repetición de lo mismo– sino permitir un equilibrio político distinto surgido de los votantes, en distritos pequeños y que el Congreso, así, a partir de entonces, y solo entonces, se trate del propio pueblo en el representado.

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